La verdad es que cuando más o menos en enero del año pasado leí el libro/ensayo de Grady Hendrix sobre la literatura de terror contemporánea, su Paperbacks from Hell, al margen de que me pareció un libro muy interesante sobre libros que probablemente no pudiera leer nunca, no esperaba que se fuera a convertir en un catálogo de futuras publicaciones y que se iban a recuperar algunos de los títulos que el autor comentaba. Y ese es el caso de Ofrendas de Verano, que tal y como explica el autor Stephen Graham Jones en el prólogo, es una novela de terror antes de que existiera el concepto de "novelas de terror". Única obra de este género del autor Robert Marasco, Ofrendas de Verano se publicó en 1973, y contaría con una adaptación al cine en la que habría nombres del peso de Oliver Reed o Bette Davis, que aquí en España se tradujo como Pesadilla Infernal (toma ya), y que aún no he visto pero que veré.
¿Y qué nos encontramos en Ofrendas de Verano, una de las novelas favoritas de Stephen King y que según parece le influyó a la hora de escribir, ni más ni menos que, el Resplandor? Pues Ofrendas de Verano es una historia extraordinariamente bien escrita, una historia de terror psicológico que me ha recordado muchísimo a Otra vuelta de tuerca o La Guarida (más a la primera que a la segunda), sin estridencias, sin grandes golpes sobre la mesa. Es una novela que va deslizando el horror poco a poco, sutilmente. Aquí no hay paredes que sangran, ni pelotas que caigan rodando por una escalera, ni pianos que suenan a medianoche. Es más, más allá de la percepción puntual de algunos personajes, no hay ni siquiera elementos sobrenaturales en la mayor parte de la novela. Y es precisamente ahí donde está la parte más inquietante del libro, en la normalidad con la que los protagonistas van sumergiéndose en un horror de cocción lenta y que se basa en el aislamiento y la desconfianza. Y todo ello planteado como una especia de novela sobre la lucha de clases, donde una familia de clase media se ve seducida por una casa muy por encima de sus posibilidades, y como en ansia de mantener esa opción de vida, va resquebrajando su propia estructura familiar.
Ofrendas de Verano nos cuenta la historia de una pequeña familia setentera: Marian, la madre y ama de casa que hace trabajos eventuales para conseguir pagarse sus caprichos; Ben, el cabeza de familia, profesor de literatura inglesa; su hijo David... un niño, y la tía Elizabeth, una mujer de setenta y cuatro años, fuerte, independiente y que lucha contra la etiqueta de anciana. El núcleo familiar vive en Queens, en un apartamento de clase media/baja, y en su búsqueda de una ruta de escape durante un asfixiante verano, dan con una casa que se alquila en la misma costa, con piscina... y que tiene un precio más que interesante. Y solo hay una cosa un poco extraña. Mientras los dueños de la casa están ausente, tendrán que ocuparse de preparar la comida, tres veces al día, a la anciana Señora Allardyce, que no se muestra en público, pero que vive en una habitación del ala oeste.
Y según avanza la historia, vamos viendo como es precisamente la casa la que se convierte en la protagonista absoluta del libro, un personaje omnipresente que fagocita las historias y las vidas de aquellos que viven en ella, creando una atmósfera que es al mismo tiempo, lujosa y opresiva. Las lámparas, mantelerías, cuadros o cuberterías que Marian va descubriendo, se convierten en las chucherías que la casa les entrega para que no piensen demasiado en la maleza que cierra el camino de acceso, en el envejecimiento de aquellos que allí viven, o en por qué de pronto todos los relojes de la casa parecen empezar a funcionar al mismo tiempo, mientras la Señora Allardyce permanece distante, inaccesible, convirtiéndose en el foco de la obsesión de Marian, y como poco a poco, se va a ir viendo obligada a elegir entra la vida que tiene y el sueño que anhela.
No tengo la impresión de que Ofrendas de Verano vaya a ser un libro que le vuele la cabeza a nadie, pero sin duda es una lectura interesante, un terror sutil y elegante, que trae la decadencia del gótico al corazón de los Estados Unidos de los años 70, que ataca al corazón de los valores que estamos acostumbrados a ver en toda la producción estadounidense (la familia nuclear), y que se convierte en una obra de gran calidad literaria en un género que normalmente no se considera de primer orden.
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