No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

jueves, 7 de febrero de 2019

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 12

Las ruinas de los antiguos jardines de Nangalore se encontraban finalmente ante ellos. Muchos años atrás probablemente hubiera sido un lugar hermoso, unos jardines colgantes edificados entre estatuas de mármol, altas cúpulas y surtidores... pero ese tiempo había quedado muy atrás. El paso de los años pesaba sobre las ruinas, algunas estatuas se habían derrumbado, igual que el tejado de una de las cúpulas. Extrañas flores, plantas y árboles crecían por doquier, y el río había inundado la zona, hasta el punto de convertir todo su entorno en una zona pantanosa. Kellek, Joehr, Leodithas, Jade y Turión se adentraron en los jardines en busca de la Orquídea Negra, encontrando unos jardines descuidados entre los que sobrevivían unas viejas imágenes de la reina Zalkore, en cuyo nombre parecía haberse fundado el jardín, y que ya transmitían tensión hacia un tal Thiru-Taya, que al parecer había sido su amante y luego la había traicionado. Buscando la orquídea, tuvieron que hacer frente a una emboscada de unos extraños zombies que parecían manejados por unas peculiares plantas amarillas, a lo que Kellek consiguió destruir, y luego, escalando a la parte más alta del jardín, el sacerdote y Joehr acabaron con una araña gigante que había hecho su cubil en una de las estatuas que habían sobrevivido al tiempo. 

Después de que Jade y Joehr exploraran una parte del Jardín, decidieron investigar uno de los invernaderos, cuajados de extrañas plantas de colores brillantes y propiedades narcóticas, que decidieron recolectar con la idea de venderlas en el futuro en Puerto Nyanzaru, pero Jade cayó bajo la influencia de las plantas, narcotizada y luego hechizada por una extraña magia que resultó ser causada por los eblis sobre los que Asharra les había advertido en Kir Sabal, y que atacaron a los aventureros, utilizando su magia de ilusión, complicando la lucha. Después de acabar con los eblis, continuaron explorando el jardín, encontrando el nido de los eblis en una cúpula derruida, y pasando después a explorar al palacio central de Nangalore, después de que Jade derribara una puerta que hizo que parte del techo se derrumbara sobre ella. El palacio estaba presidido por una gran estatua de un guerrero chultano cuyo rostro había sido desfigurado por unas poderosas garras. Explorando la sala, encontraron una urna de cerámica, algo escrito en las paredes y una estatua más pequeña, que según pensaron se trataba más bien de un hombre petrificado. Las palabras parecían ser algún tipo de disculpa hacia Thiru-Taya, y pensando que podía tratarse de algún tipo de trampa, Kellek disparó con su arco hacia la urna, que se volcó, derramando un puñado de cenizas. 



Finalmente, utilizaron el palacio para cruzar al otro lado del jardín, entrando en la cúpula que había sobrevivido, y donde se encontraba la Orquídea Negra... custodiada por la reina Zalkore, cubierta de ligeros velos. Kellek trató de entablar una conversación con la reina, pero esta estaba enloquecida, y de alguna manera, consiguió saber que el sacerdote había perturbado los restos de su amado Thiru-Taya, por lo que se volvió contra ellos a pesar de las explicaciones de Kellek. Turión consiguió acercarse a ella lo suficiente para herirla, anticipándose a los movimientos tanto de la reina como de los eblis que la servían, pero después de herirla, cayó ante la espada de Zalkore. La lucha comenzó en el antiguo dormitorio real, donde los aventureros trataron de concentrar sus ataques en Zalkore, que después de que Leodithas también la golpeara con fuerza, convocó el espíritu de Thiru-Taya, que la custodió durante el resto de la lucha. La reina finalmente se retiró el velo, revelándose como lo que ellos sospechaban que era, una medusa, y todos trataron de evitar su mirada petrificante. Kellek se apartó del resto, utilizando su magia para sanar a Turión, y aprovechando la distracción de la reina para hacerse con la Orquídea Negra, mientras el ladrón elfo se arrojaba sobre ella, ignorando la posibilidad de quedar petrificado  para golpearla de nuevo, sobreponiéndose a la magia de la medusa, que finalmente caería atravesada por la lanza de Jade. La muerte de Zalkore disipó al espíritu de Thiru-Taya y dispersó a los eblis, y con la Orquídea en su poder, los aventureros decidieron alejarse de Nangalore lo más posible antes de poder descansar y recuperarse para emprender el camino hacia Kir Sabal... 

LA HISTORIA DE ZALKORE.
Zalkore era una antigua reina de Omu, conocida por todos por su belleza, y en cuyo honor, el general Thiru-Taya, su consorte, construyó los Jardines de Ka-Nanji, el Jardín Colgante de los Sueños. Pero la adulación constante terminó perturbando la mente de Zalkore, que cerró un siniestro pacto con una erinia para conservar su juventud y belleza para siempre. El pacto convirtió a Zalkore en una medusa, pero cuando esto se supo en Omu, el ejército de la ciudad se alzó contra la reina, exiliándola a los jardines, que pasaron a ser llamados Nangalore, El Jardín de los Sueños Perdidos. 

Furiosa pensando que Thiru-Taya había sido el instigador de la rebelión del ejército Omuense, Zalkore destruyó las imágenes de su consorte, pero con el tiempo, la reina exiliada descubrió que Thiru-Taya le había sido siempre fiel, y había pasado largas décadas encerrado hasta la muerte, castigado por defenderla. Zalkore consiguió que las cenizas de Thiru-Taya fueran llevadas a Nangalore, y luego comenzó a cultivar las extrañas plantas narcóticas que le permitían vivir en una suerte de sueño eterno en el que podía seguir viendo a su amante... 


martes, 5 de febrero de 2019

ATLAS OBSCURA

Atlas Obscura: An Explorer's Guide to the World's Hidden WondersAtlas Obscura: An Explorer's Guide to the World's Hidden Wonders by Joshua Foer
My rating: 4 of 5 stars

Atlas Obscura ha sido una lectura muy entretenida y sobre todo muy curiosa. Todos estamos acostumbrados a las guías de viaje, y más o menos, si planteamos un viaje a algún sitio del mundo, normalmente tenemos una idea de qué es lo que vamos a ver, porque habitualmente lo que hay que ver es... bueno, pues eso. Lo que hay que ver. Ahora bien, Atlas Obscura nos trae una serie de lugares que no siempre van a ser fáciles de encontrar, a los que en alguna ocasión incluso está prohibido acceder o en los que lo mismo te juegas hasta la vida... pero oye, que ahí están y que son sitios nuevos, sorprendentes. Un lago africano que una noche mató a casi toda la población de un poblado cercano, un cementerio en Rumanía donde las lápidas están ilustradas con elementos sarcásticos de la vida de los fallecidos, una fiesta en España de saltar bebés, una piscina en Australia donde te bañas con cocodrilos, museos extraños, construcciones extravagantes... Todo un desfile de 365 lugares que, como poco, son eso, extraños y curiosos.

¡¡Muy divertido!!

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jueves, 31 de enero de 2019

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 11

Después de acabar con Yesca, los aventureros recorrieron de vuelta el túnel que habían despejado bajo tierra el camino hasta la Forja de Hrakhamar, donde se reunieron de vuelta con los enanos y les entregaron la cabeza de la dragona, demostrando así que habían liberado la Mina Wyrmheart. Siguiendo las instrucciones de Sitti Vinecutter, se adentraron de nuevo en la selva en busca de los restos del navío volador del que habían oído rumores, y en el camino sufrieron el ataque de un grupo de atrapahombres, gigantescas plantas carnívoras que consiguieron atrapar por sorpresa a Leodithas y hechizar con su polen a Joehr, pero Kellek consiguió liberarles a ambos, y decidieron alejarse de las plantas. Finalmente llegaron a los restos del Diosa Estelar un barco volador halruaano del que habían tenido alguna noticia en Puerto Nyanzaru y que al parecer se había estrellado en la selva, partiéndose en tres pedazos. Los aventureros recibieron llamadas de ayuda desde los restos del barco, y se apresuraron a acercarse, encontrándose con que varios ghouls estaban merodeando por la zona, quizá esperando a que los supervivientes del "naufragio" desfallecieran. Kellek utilizó su poder sagrado para expulsar a muchos de los no muertos de la zona, y Joehr y Leodithas se encargaron de los que quedaban, antes de comenzar a trepar a los árboles para poder examinar los restos del barco y ayudar a sus tripulantes. 



Pero mientras Kellek bajaba de nuevo del barco con dos de los supervivientes, tres girallones zombis (un tipo de grandes gorilas de cuatro brazos) cayeron sobre los restos del Reina Estelar, enzarzándose dos de ellos con Joehr y Leodithas mientras el tercero llegaba a otro de los trozos del barco, arrojando a los supervivientes por la borda a una muerte cierta. Joehr y Leodithas consiguieron acabar con uno de ellos y arrojar al otro a la jungla, pero mientras trataban de alcanzar al otro trozo del barco, Joehr se precipitó también al vacío. Abajo, Kellek y un malherido Joehr acabaron con el segundo de los girallones mientras Leodithas hacía frente al tercero, que ya había matado a dos de los supervivientes. Los aventureros acabaron finalmente con el monstruo, salvando así al resto de náufragos (dos más) y haciéndose cargo de ayudarles. Tras un debate, ya que Joehr quería volver a Fuerte Beluarian a través de la selva, mientras que Kellek defendía regresar a Hrakhamar y desde allí volver al fuerte en barco, un camino más rápido y más seguro para los supervivientes del Reina Estelar. Finalmente se impuso la idea de Kellek, y consiguieron un barco en la Forja con el que dirigirse hacia el norte.

Alcanzaron Fuerte Beluarian en dos días, donde pudieron dejar a salvo a los halruaanos, pagando además al fuerte su diezmo del tesoro que habían obtenido en sus exploraciones. Desde allí, regresaron a Puerto Nyanzaru, donde se aprovisionaron para su viaje hacia Nangalore, donde según la sacerdotisa Asharra, encontrarían la Orquídea Negra que les permitiría realizar el Ritual de los Siete Vientos. Después de armarse y aprovisionarse, se dirigieron hacia Kir Sabal siguiendo las rutas que ya conocían, para desde las cercanías del Santuario de Ubtao, dirigirse hacia el sur. En el camino atravesaron un extraño desierto de cenizas con una torre destruida donde hicieron frente a varios esqueletos, y después de volver a la jungla, escaparon de unas enredaderas asesinas antes de encontrar su objetivo: los jardines perdidos de Nangalore. 

miércoles, 30 de enero de 2019

EL ARCO DEL SEGADOR 1: SIEGA

Siega (El arco de la guadaña, #1)Siega by Neal Shusterman
My rating: 4 of 5 stars

Que curioso ha sido leer este libro. Ha llegado a mis manos por recomendación, y cuando empecé a leerlo me resultó un poco bluff. A ver, la premisa está chula: el hombre ha conquistado la muerte, el mundo está regido por una Inteligencia Artificial benigna a la que llaman El Nimbo... y para mantener el equilibrio se ha creado una alianza llamada "La Guadaña", formada por hombres y mujeres elegidos para llevar la muerte a los otros, una especie de orden de caballeros que tienen que "cribar" a la humanidad para mantenerla dentro de unos ratios de población razonables. Y en este mundo, dos jóvenes, Citra y Rowan, se van a convertir en aprendices de Segador para pasar a formar parte de la Guadaña.

Y como podéis imaginar con los dos adolescentes de por medio, la novela tiene bastante carga de novela joven, y al principio se me hizo bastante... endeble. Y es que el mundo que se desarrolla ante esta premisa es un poco descafeinado (de ahí que no tenga cinco estrellas la novela, me guardo la quinta). Hemos conquistado a la muerte, pero los institutos siguen siendo como los de cualquier serie juvenil desde los años 90, como si a lo máximo que la humanidad pudiera esperar fuera a lo que ya conocemos. Pero en fin... El caso es que según he avanzado la novela, me he encontrado cada vez más enganchado a la historia. Pero mucho. Esa sensación descafeinada se me ha ido pasando mientras iba acostumbrándome a Citra, Rowan, Faraday, Curie e incluso Goddard (menudo capullo).

Así que nada, una novela que ha sido una gran sorpresa, que no estaba en mi listado de pendientes y de la que me he llevado una muy muy muy buena impresión.

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jueves, 24 de enero de 2019

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 10

Los aventureros permanecieron algunos días en Puerto Nyanzaru para recuperarse y comprar nuevas provisiones, para luego partir hacia Fuerte Beluarian, donde guiados por el enano albino Musharib, compraron un pasaje en un barco que les llevaría hasta la costa oeste de Chult, hacia la Forja de Hrakhamar. Allí, los aventureros conocieron a Shitti Vinecutter, la líder de los enanos exiliados de Hrakhamar, que les agradeció su ayuda y pactó con ellos la recompensa que podían conseguir si liberaban la forja de las salamandras flamígeras que se la habían robado, y además de lo que consiguieran dentro, les daría el paradero de un barco volador estrellado en las cercanías. Los aventureros se adentraron en las profundidades de Hrakhamar, descubriendo que la forja se había construido sobre una gran brecha de magma que los enanos habían utilizado para fundir el metal. Después de hacer frente a unos mefits de humo que acechaban en unas cavernas apartadas, se dirigieron a la zona central de la forja, cruzando pesados puentes y haciendo frente a varias salamandras guerreras hasta descubrir el corazón de la forja que las salamandras apenas sabían utilizar, con trabajos mucho más toscos que los que los enanos habían realizado en aquel mismo lugar. Con la ayuda del druida Mappo, los aventureros consiguieron acabar con relativa rapidez con la mayor parte de las salamandras, y finalmente, consiguieron encontrar la puerta que parecía llevar al salón del tesoro de Hrakhamar. Utilizando un viejo libro hueco donde estaban los moldes de las llaves de la puerta, el dracónido Joehr consiguió forjar dos llaves utilizando los útiles de la forja de los enanos, y así, accedieron a la sala del tesoro, consiguiendo armas, armaduras, lingotes de adamantina y recuperando el sagrado Guantelete de Moradin, una reliquia que pertenecía a los enanos. 

Con el guantelete ya en su poder, terminaron de liberar la forja, acabando con las salamandras brujas seguidoras del dios ígneo Ixim, cuya estatua Leodithas arrojó al magma (no sin antes estar a punto de precipitarse él hacia un ardiente final mientras trataba de cruzar una de las cadenas que pendían sobre el magma). Con Hrakhamar de nuevo en manos de los enanos de Shitti Vinecutter, los enanos informaron a los aventureros de la ubicación del barco volador estrellado, y les indicaron además que en el interior de la Forja había un túnel que conducía directamente hacia la Mina Wyrmheart, donde la dragona Yesca se había asentado, expulsando también a los enanos de allí. Tras debatirlo, finalmente Kellek dirigió la balanza hacia enviar una expedición a través de los túneles. Joehr, Leodithas, Jade y él mismo se dirigirían a la Mina Wyrmheart a través de los túneles subterráneos, y Turión, Tyrael y Mappo lo harían por el exterior, a través de las montañas. 



Kellek, Joehr, Leodithas y Jade utilizaron una vagoneta para avanzar más rápido por el túnel que unía ambas construcciones enanas, y en el camino tuvieron que hacer frente a un carroñero y a arañas gigantes, hasta que cerca ya de la Mina tuvieron que hacer frente al asalto de un grupo de kobolds constructores que estaban reparando los railes de las vagonetas y que parecían tener arañas gigantes como mascotas. A fuerza de puro número, los kobolds y las arañas pusieron a los aventureros en serio peligro, y de hecho, Kellek resultó gravemente herido y tuvo que ser sanado por Leodithas mientras Joerh contenía a las arañas, que consideraba más peligrosas. Finalmente consiguieron rechazar a los kobolds y acabar con ellos, para luego hacer un pequeño descanso y recuperarse antes de explorar la mina... pero el destino o la suerte quisieron que sus pasos les llevaran directamente hacia el refugio de Yesca, que quemó con su aliento a Leodithas, Jade y Joehr, dejándoles heridos, y solo Kellek consiguió escapar del fuego de la dragona antes de que los aventureros se lanzaran sobre ella. Tanto Joehr como Leodithas utilizaron los dones obtenidos de Saja N'bazi, y junto a Jade se enfrentaron a Yesca, mientras Kellek se ocupaba de que sanar lo más rápido posible sus heridas antes de que acabaran con ellos. Yesca consiguió causar heridas serias a Leodithas, pero finalmente, los aventureros consiguieron acabar con el dragón y hacerse con su tesoro... 

jueves, 27 de diciembre de 2018

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 9

Después de escuchar los sabios consejos de la naga Saja N'baza, los aventureros decidieron explorar la antigua ciudad de Mbala y averiguar la verdad sobre la supuesta bruja que vivía en aquel lugar a la que llamaban Yaya Pu'pu. Guiados por Azaka y Jade, alcanzaron la base de la gran meseta sobre la que se alzaba Mbala, ascendiendo por un estrecho camino hasta llegar a las antiguas puertas de la ciudad, destrozadas por el paso del tiempo, y alrededor de cuyos se restos se encontraban montones de calaveras blanqueadas por el sol en las que Leodithas encontró rastros de mordeduras. Entre las ruinas de lo que había sido Mbala, una población de chozas de madera y paja que se habían venido abajo, solo una cabaña continuaba en pie, y alrededor de ella trabajaba una anciana de incontables años, doblada por la artritis y cegada por las cataratas, a la que Kellek se dirigió, y que se identificó efectivamente como aquella a la que los aldeanos llamaban Yaya Pu'pu. No parecía haber ninguna amenaza en la mujer, aunque sus argumentos no terminaban de convencer a Kellek y Jade. Según Yaya Pu'pu, el fin de la aldea había venido por los ataques de un nido de hombres pterodáctilo que habían devorado a sus vecinos, apartándola a ella quizá porque su carne debía ser demasiado correosa. De cualquier modo, Yaya Pu'pu no disimulaba su condición de sacerdotisa de Myrkul, y se ofreció a los aventureros para realizar si se lo solicitaban el Ritual de la Vida Robada, que les permitiría alzar a un muerto viviente que mantendría sus recuerdos y sus habilidades, aunque continuaría siendo un muerto viviente. El precio era alto, pues requeriría de una gema de considerable valor y de una vida, que se sacrificaría a Myrkul a cambio de la que se iba a recuperar. Después de una magra cena, los aventureros decidieron pasar la noche acampados junto a la choza de Yaya Pu'pu, y durante la segunda guardia, realizada por Leodithas y Turión, este se coló en la choza de la anciana... Y entonces, las cosas estallaron. 

Leodithas fue atacado por una bandada de monos voladores, mientras un gólem de carne se alzaba de la tierra, hiriendo de gravedad a Tyrael, y dentro de la choza, Turión era atacado por Yaya Pu'pu, que reveló ser en realidad una peligrosa y carnívora saga cetrina. Después de que Kellek pudiera recuperar a Tyrael, el sacerdote y el mago utilizaron todos los hechizos de fuego a su disposición para tratar de hacer frente al gólem, ya que el fuego parecía hacerle más daño que las armas, mientras Turión y Jade hacían frente a la saga, y Leodithas y Joehr se enfrentaban a los molestos monos voladores. Aunque todos sufrieron cuantiosas heridas, finalmente consiguieron acabar con las tres amenazas, liberándose así de ser la siguiente comida de la saga Yaya Pu'pu, y encontrando además Tyrael su tesoro en el interior de un pozo, consiguiendo Jade rescatarlo. 



Después de descansar esa noche entre las ruinas de Mbala, los aventureros decidieron volver al norte, a Puerto Nyanzaru, donde podrían descansar, reponer sus provisiones y probablemente cambiar de guía, pues consideraban que aún eran demasiado débiles para recuperar la Orquídea Negra de Nangalore y buscar Omu. Se dirigieron de nuevo al río Soshenstar, siguiendo su cauce hacia el norte, y Joehr les persuadió de que hicieran una parada en un lugar marcado en mapa de Syndra Silvane como "Campamento Venganza". Lo encontraron sin problemas, pues estaba justo en la orilla izquierda del Soshenstar, y resultó ser poco más que una empalizada y un puñado de tiendas construido sobre una tierra húmeda. Sin embargo, la visita no resultó como esperaban. El Campamento Venganza pertenecía a una orden de caballería llamada La Orden del Guantelete, la misma a la que había pertenecido el ahora abandonado Campamento Justicia que habían encontrado semanas antes, y cuyo compromiso era acabar con todos los muertos vivientes. Campamento Venganza estaba bajo la supervisión del comandante Niles Breakbone, que resultó ser un fanático apenas controlado por sus dos capitanes, y que reclutó a la fuerza a los aventureros para unirlos a sus hombres durante dos semanas. Sólo la intervención de Kellek y Leodithas impidió que Joehr y Breakbone convirtieran aquello en un baño de sangre, y finalmente, divididos por parejas, los aventureros prestaron el servicio requerido por la Orden, aunque a su finalización, se apresuraron a abandonar el Campamento Venganza, de vuelta hacia Puerto Nyanzaru, donde finalmente decidieron buscar a un nuevo guía, en enano albino Musharib, al que seguirían para recuperar las viejas minas enanas de Hrakhamar, esperando encontrar allí tesoros y armas que les ayudaran a hacer frente a Ras Nsi... 

jueves, 20 de diciembre de 2018

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 8

Después de su conversación con Asharra en Kir Sabal y mientras aún meditaban sobre la legitimidad de Mwaxanaré a un supuesto trono chultano, los aventureros decidieron poner rumbo finalmente a Orolunga, donde buscarían el consejo de la naga Saja N'baza antes de adentrarse en Nangalore en busca de la orquídea negra que Asharra necesitaba para realizar para ellos el ritual de los Siete Vientos. Guiados por Azaka Stormfang se dirigieron hacia el oeste, hacia las ruinas de Orolunga. 

El camino fue relativamente tranquilo, pero aproximadamente a mitad de camino de las ruinas, cuando comenzaban a adentrarse en los pantanos que formaban la Costa Aldani y el nacimiento del río Soshenstar, Leodithas atisbó en la distancia algo extraño que volaba estático en poniente a unos treinta metros de altura. Desviándose de su camino ligeramente para ver de qué se trataba, dos días después se encontraban con una pedazo de tierra coronado por un árbol petrificado que volaba y giraba lentamente sobre sí mismo, con una vaga forma de corazón y en la que Jade y Kellek distinguieron a una mujer a la que llamaron, y que les contestó en elfo, invitándoles a acercarse. La mujer convocó un portal que les llevó hasta su refugio, y se presentó a ellos como la erudita maga  elfa Valindra Shadowmantle, y aquel lugar era su refugio, el llamado Corazón de Ubtao. A través de una extraña conversación que se movía entre la mediación de Kellek, la desconfianza de Joehr y la curiosidad de Leodithas, averiguaron que Valindra, al igual que ellos, buscaba el Almero que provocaba la Maldición de la Muerte, y para ello estaba aliada con los Magos Rojos de Thay, con los que los aventureros ya habían tenido algún encuentro en las junglas cercanas a Fuerte Beluarian. Al igual que Asharra, Valindra sospechaba que el Almero se encontraba en la ciudad perdida de Omu, aunque no podía afirmarlo, comprometiéndose a recompensar a los aventureros con largueza si obtenían más información para ella. Sin embargo, antes de continuar las negociaciones, Leodithas utilizó sus habilidades para detectar el mal a su alrededor, descubriendo que Valindra no era lo que parecía, sino que se trataba de una criatura no muerta, y que había más muertos vivientes en el interior del Corazón de Ubtao. Percibiendo la inquietud de Leodithas, Jade, Kellek y Joehr comenzaron a insistir en que debían abandonar el lugar, alejándose del Corazón de Ubtao en buenos términos con Valindra... al menos de momento. 



Mientras continuaban hacia Orolunga, en los pantanos de la Cuenca Aldani, además de descubrir que los rumores sobre la maldición lanzada por Ubtao a los antiguos habitantes de la región eran ciertos y que estos se habían convertido en unas extrañas criaturas con apariencia de gigantescas langostas, tuvieron un tenso encuentro con un zhentarim y sus acompañantes, que andaban buscando a Artus Cimber y su acompañante, Dragonbait, para recuperar un anillo que según ellos les había robado. Joehr y Kellek no pudieron evitar reparar en que el clérigo zhentarim, un sacerdote de Cyric, tenía como compañera una serpiente alada, como aquellas que habían visto en la mansión de Ifan Talro'a en Puerto Nyanzaru. 

Finalmente, y tras cruzar el río Tarth, dieron con el milenario zigurat que constituía lo único que quedaba en pie de la antigua ciudad de Orolunga, intentando alcanzar la cima, pero encontrándose con serios problemas, pues las espinas de las plantas que dominaban el primer tramo de escaleras parecían capaces de penetrar en sus más gruesas armaduras, hasta el punto de que Leodithas resultó seriamente herido, antes de que él y Kellek vieran un chwinga entre ellos con una máscara de triceratop y empuñando una orquídea de pétalos naranjas y morados con la que golpeaba las espinas, que se apartaban a su paso. Descendiendo de las escaleras y tras una corta búsqueda, Joehr consiguió dar con cuatro orquídeas, ya que Azaka permanecería de guardia a los pies de la escalera, e imitando al chwanga, consiguieron ascender hasta el segundo tramo de escaleras, que se desmoronaban bajo sus pies. Un nuevo chwanga con una máscara de camaleón empuñó una pluma roja de loro con la que subió ligero por las escaleras, y tras encontrar un puñado de plumas, los aventureros lo imitaron, consiguiendo llegar hasta el segundo rellano. El último tramo de escaleras era más peligroso, pues estaba plagado de serpientes, pero observando, encontraron a un chwinga que realizaba un extraño ritual, golpeando a las serpientes con la orquídea, acariciándolas con la pluma y tumbándose después para permitir que una de las serpientes les entrara por la boca. Jade y Kellek sufrieron heridas al no conseguir tragarse bien las serpientes, pero Joehr y Leodithas lo consiguieron en el primer intento, seguidos poco después por sus compañeros, y finalmente, juntos, entraron en el zigurat de Orolunga.

Tras un largo viaje se encontraban ante Saja N'baza, una naga guardiana que aceptó responder a sus preguntas. Así, los aventureros por fin averiguaron el paradero aproximado de la ciudad de Omu, y que esta se encontraba dominada por los Yuan-ti del hechicero Ras Nsi, un antiguo conquistador que había intentado tomar Chult, alzando ejércitos de muertos vivientes y que había sido expulsado por Ubtao antes de abandonar a sus seguidores a los dioses embaucadores. Tras la marcha de Ubtao, Ras Nsi había vuelto a Omu, y desde allí organizaba sus planes para destruir el mundo y sumirlo en la oscuridad, para lo que según Saja N'baza, se podrían estar utilizando todas las almas que la maldición de la muerte estaba encerrando en el Almero, aunque la saga sospechaba de que debía haber un poder aún mayor tras Ras Nsi. La naga prometió su ayuda a los aventureros si se comprometían a acabar con Ras Nsi, y así, les entregó diversos dones: el don del Héroe para Joehr, el don del Luchador para Leodithas, el don del Restablecimiento para Kellek y el don de la Visión para Jade...


jueves, 13 de diciembre de 2018

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 7

Después de pasar el día resguardados en la jungla que rodeaba el Dedo de Fuego y viendo los hombres pterodáctilo que volaban continuamente alrededor de la cúspide de la torre, cuando cayó la noche los aventureros decidieron finalmente lanzarse al asalto. Turión, el pícaro elfo, fue el primero en acercarse a la torre, abandonando la protección de los árboles y encontrando en su camino al menos tres cadáveres, todos ellos al parecer arrojados desde una gran altura, con los miembros rotos y el pecho aplastado. Había unas escaleras de cuerda y madera resquebrajadas que subían hasta una cueva a unos sesenta pies de altura, y Turión inició la subida, seguido de Jade, Leodithas, Kellek y Azaka Stormfang. Con Turión y Jade guiando al grupo, se adentraron en la cueva, que resultó ser una horadación natural, con un pozo amplio pozo que caía quince pies y donde fueron atacados por una tarántula gigante, que dejó malherido a Turión, aunque consiguieron acabar con ella y poder continuar, encontrando una chimenea que ascendía hacia un segundo nivel de la torre. 

Se trataba también de una serie de cuevas naturales, pero en ellas había hecho nido un enjambre de estirges (criaturas a medio camino entre mosquitos y murciélagos) que se vieron violentadas por la luz de la antorcha de Jade, atacando a los aventureros y poniéndoles en aprietos, hasta el punto de que cuando consiguieron acabar con el enjambre y registrar los restos de un antiguo cadáver cuya sangre había sido completamente drenada por las estirges, decidieron hacer un descanso en aquella cueva, antes de salir al exterior de nuevo y alcanzar una nueva escalera de cuerda y madera que, a través de una estrecha escalera, subía al tercer nivel. Siguieron ascendiendo al tercer nivel (con algunos problemas para subir, debido al estado de las escaleras), donde se encontraron con un grupo de ancianos hombres pterodáctilo que custodiaban a un prisionero aaracokra (un hombre águila) y que no tardaron en ser abatidos por los aventureros, que les pillaron por sorpresa. Liberaron al aaracokra, que se presentó como Nephyr y que agradeció a los héroes que le hubieran liberado. Según les contó, venía de la ciudad templo de Kir Sabal, el protectorado de la sabia Asharra, y había sido emboscado por los hombres pterodáctilo, que le habían llevado prisionero al Dedo de Fuego. Nephyr invitó a los aventureros a visitar Kir Sabal para que Asharra pudiera realizar para ellos la poderosa Danza de los Siete Vientos, que les permitiría volar durante algún tiempo. Dejaron a Nephyr descansando y ascendieron por una nueva chimenea hasta la cúspide. Turión y Jade llegaron sin problemas, encontrando los restos de una vieja atalaya iluminada por fuego mágico y que servía de refugio a una bandada de hombres pterodáctilo. Kellek tuvo algunos problemas para subir, lo que retrasó a Leodithas y Azaka, y mientras se preparaban para emboscar a los pterodáctilos, Jade cometió un error, revelando su posición, aunque Turión consiguió ocultarse. Con la llegada de Azaka (que reveló que se trataba de una mujer tigre), Leodithas y Kellek, los aventureros se enfrentaron a los pterodáctilos, y aunque sufrieron heridas serias y Jade estuvo a punto de caer, consiguieron vencer a las criaturas que habían tomado la torre. Azaka se apresuró a tratar de recuperar la máscara que iban a buscar, aunque Kellek se aseguró antes de que con ella, la mujer no iba a suponer ninguna amenaza para ellos. Finalmente, descansaron el Dedo de Fuego hasta el amanecer, cuando desde la altura de aquella torre, pudieron ver en la amplia distancia las cadenas montañosas que bordeaban la península y los valles de su corazón, donde se encontraban los nacimientos de los ríos cuyos cursos habían navegado para adentrarse en la jungla. 



Tras una breve deliberación (Azaka se había ofrecido a llevarles a Orolunga para hablar con una sabia naga, Saja N'baza, y en su camino se encontraba la aldea de Mbala, dominada por la bruja Yaya Pu'pu; pero ahora tenían Kir Sabal como alternativa), finalmente decidieron visitar primero el templo de los aaracokra, que se situaba más cerca que el refugio de la naga, a pocos días de viaja cruzando el río Olung. El camino resultó relativamente seguro, con sólo algunos encontronazos con arañas y velocirraptores, y tras algunos días de viaje, encontraron Kir Sabal, construido en las paredes de una alta meseta y donde fueron recibidos por los hombres águila con agradecimiento por haber salvado a Nephyr. Tras un complicado ascenso de varias horas, Nephyr se convirtió en su guía, llevándoles al templo de Ubtao, donde Asharra se reuniría con ellos. En el camino, Nephyr les contó que en Kir Sabal residían los legítimos reyes de Chult, la princesa Mwaxanaré y el pequeño príncipe Na, lo que sorprendió a los aventureros, ya que era la primera vez que escuchaban hablar de esa familia real. Posteriormente, en la reunión con Asharra, donde conocieron a la princesa de diecisiete años y el príncipe de seis, tuvieron más detalles de lo ocurrido. La familia de los príncipes habían regido Chult desde la ciudad de Omu, en el corazón de la selva, hasta que fueron expulsados de allí por la aparición de un poderoso mal que había llegado después del abandono de Ubtao y la aparición de los llamados Dioses Embaucadores. Toda su familia había muerto, y en Kir Sabal se había custodiado el linaje real. Cuando le contaron a Asharra que habían llegado a Chult buscando el origen de la maldición de la muerte, la aarakocra sugirió que quizá el origen de ese mal se encontrase precisamente en la antigua capital, Omu. Asharra se ofreció a ayudar a los aventureros a encontrar Omu si ese era su objetivo, realizando para ellos la Danza de los Siete Vientos, que les permitiría volar durante tres días, pero para ello, necesitaba una orquídea negra que solo podía conseguirse en los jardines de Nangalore, a donde sus hombres no se acercaban, pues estaban dominados por los maléficos e inteligentes eblis, una especie de grullas malignas... 

jueves, 6 de diciembre de 2018

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 6

Después de un viaje de tres días en barco hacia el sur de la península de Chult desde Fuerte Beluarian, los aventureros comenzaron a acercarse a la Bahía de Shilku, y según se acercaban, Tyrael fue el primero en divisar una nube de pesado aspecto situada sobre la bahía. Según se fueron acercando se dieron cuenta de que se trataba de una nube de cenizas en suspensión, y al entrar en la bahía vieron que los volcanes que rodeaban las ruinas de la antigua aldea de Shilku habían entrado en erupción (aún seguían vomitando fuego, lava y cenizas), arrasando toda la bahía y el fuerte a medio construir que el Puño Ardiente estaba construyendo. Pusieron rumbo a la playa, acercándose para comprobar si había algún superviviente, pero fueron atacados por dos peligrosas serpientes de fuego a las que consiguieron anular antes de que prendieran fuego al barco. Temiendo encontrar Salamandras y otras criaturas de fuego en el entorno, y después de que que Kellek y Tyrael se convencieran de que era imposible que nadie hubiera sobrevivido a aquella tormenta de fuego, decidieron volver a Fuerte Beluarian para comunicarle a Lyara Portir lo ocurrido. 

Cuando llegaron al Fuerte, la comandante les recibió con cierta decepción ante las noticias. Lyara Portir entregó a los aventureros sus recompensas (varias pociones de curación y un pergamino de restablecimiento), y la castellana Grutta Harlsdottir les ofreció una recompensa por ayudarles a liberar las selvas chultanas de muertos vivientes. Los aventureros decidieron que era el momento de volver a Puerto Nyanzaru para buscar nuevos rumores, aunque el camino de vuelta estuvo lleno de peligros, como el ataque de un grupo de arañas gigantes que hirió de gravedad al clérigo Kellek de Lathander, salvado por el ataque del dracónido Joehr al grito de "¡NO TOQUES A MI LÍDER!". También tuvieron varios encuentros con los mágicos chwinga, y un tenso encuentro con un grupo liderado por un Mago Rojo de Thay que parecía dirigirse a algún punto del interior de las junglas. 



De vuelta en Puerto Nyanzaru, los aventureros apenas se dieron el tiempo suficiente para escuchar algunos rumores que les advirtieron sobre la niebla azul que transmitía la Fiebre de la Locura y sobre una antigua ciudad construida por los minotauros y ahora poblada por los hombres serpiente que parecía esconder antiguos horrores en pleno corazón de la selva. Después de adquirir provisiones y despedirse de Qawasha y Kupalué, decidieron acudir a una nueva guía, la exploradora Azaka Stormfang, que se ofreció a llevarles ante la sabia naga que Orolunga a cambio de que la ayudaran a recuperar una ancestral máscara de su familia de manos de los hombres pterodáctico del Dedo de Fuego. Los aventureros tomaron sus canoas y, junto a Akaya, comenzaron a descender por el río Tiryki, muy cerca del cual se encontraba el Dedo de Fuego. Aprovecharon la presencia del río para avanzar con cierta velocidad hacia el interior de Chult, aunque eso no les libró del ataque de un cocodrilo gigante y otras criaturas. Finalmente abandonaron la cuenca del Tiryki para adentrarse en la jungla, pues ya podían ver incluso desde la distancia el promontorio del Dedo de Fuego, una columna de roca natural que se alzaba cien metros por encima del suelo, coronada por una gran hoguera... y la siluetas a su alrededor de los hombres pterodáctico. 

Siguiendo los consejos de Azaka, decidieron esperar a la noche para asaltar el promontorio... 

jueves, 29 de noviembre de 2018

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 5

Después de recuperar al guardián arcano Vorn de las profundidades de la selva de Chult, los aventureros decidieron permanecer un par de días en Puerto Nyanzaru antes de partir de nuevo, esta vez con el objetivo de dirigirse a Fuerte Beluarian, donde esperaban obtener una cédula de exploración expedida por los enviados del Consejo de los Lores de Puerta de Baldur, que reclamaban la posesión sobre las tierras de Chult. Aprovecharon esos días, después de obtener la recompensa prometida por el príncipe Wakanga O`tomu, para reponer sus provisiones de repelente de mosquitos, comida y nuevas armas. Kellek se encargó de estas gestiones, mientras Tyrael decidía permanecer por un tiempo en Puerto Nyanzaru, bajo la tutela de Syndra Silvane y el príncipe O'tamu, en previsión de que en algún momento Mappo y Turión regresaran a la ciudad. Mientras el clérigo se ocupaba de las compras y de buscar nuevos rumores, Leodithas y Joehr aprovecharon para apostar en las carreras de dinosaurios, aunque con bastante mala suerte. Al día siguiente se sorprendieron al encontrarse con una invitación de la príncipe mercader Jessamine que les invitaba a almorzar con ella en su mansión, y no tardaron mucho en averiguar que el mercado de Jessamine eran los venenos, las especias y las hierbas. Con cierta desconfianza acudieron al encuentro de la príncipe mercader, que les esperaba en su mansión, y durante el almuerzo, les comunicó su intención de ayudarles a resolver los problemas de Syndra Silvane, y aunque justificó hacerlo como muestra de amistad hacia su colega Wakanga O'tomu, los aventureros terminaron pensando que el interés de Jessamine era más personal y que ella misma podía estar sufriendo las consecuencias de la Maldición de la Muerte. Además de un tomo de herbolaria de Chult, Jessamine asumió los costes derivados de la contratación de un guía para los aventureros, que se reunieron esa noche con varios posibles candidatos en la posada de El Lagarto Atronador. Finalmente, y tras discutirlo durante algún tiempo, el voto de calidad de Kellek de Lathander decantó la decisión por el druida Qawasha y su compañero, un vegepigmeo llamado Kupalué (Hierbajo que anda), que habían dejado clara su intención de acabar con todos los muertos vivientes de Chult y que tenían contactos en Fuerte Beluarian. 

Finalmente, al día siguiente, Kellek, Joehr, Leodithas y Jade salieron de Puerto Nyanzaru en dirección sur, remontando el río Tyriki hacia un paso donde pudieran dirigirse por tierra hacia el fuerte, evitando así los peligros del dragón tortuga que habitaba en la bahía de Chult. La primera de las noches que pasaron en ruta, coincidieron con una pareja de aventureros con la que compartieron hoguera y comida esa noche, el explorador Artus Cimber y su compañero saurido Dragonbait (que desde el principio no congenió demasiado con Joehr). Artus venía de Fuerte Beluarian, donde había conseguido su cédula, aunque no transmitió a los compañeros demasiada confianza en Lyria Portir, la comandante del Fuerte. Así mismo, advirtió a los aventureros de que la ruta que seguían atravesaba algunas zonas peligrosas por los muertos vivientes, lo que despertó las sospechas de Joehr sobre la posibilidad de que Qawasha les estuviera llevando de forma voluntaria por terrenos plagados de muertos vivientes para llevar a cabo su cruzada contra los no muertos. Al amanecer se separaron de Artus Cimber y Dragonbait, y en los siguientes días tuvieron algunos significativos encuentros con vegepigmeos, caníbales, y como Qawasha había predicho, coincidieron con algunos de los curiosos espíritus de la jungla llamados Chwingas, diminutas criaturas mágicas que concedieron sus dones a Joehr y Kellek antes de que finalmente el grupo llegara al Fuerte. 



Lo primero que llamó la atención de los recién llegados fue el buen estado del lugar y la numerosa guarnición de mercenarios que lo protegía, imposible de mantener sin duda sólo con los beneficios de las cédulas de exploración, O Puerta de Baldur estaba realizando una cuantiosa inversión en el mantenimiento de Fuerte Beluarian, o Lyria Portir tenía alguna otra fuente de ingresos. Pasaron la noche descansando en el Fuerte, y a la mañana siguiente la propia Lyria Portir les convocó a una reunión donde les hizo una oferta. Necesitaba aventureros que exploraran para ella una lejana región de Chult, la Bahía de Shilku, en la que los hombres de Lyria habían empezado a construir al parecer un nuevo fuerte, pero de pronto habían desaparecido. A cambio de las noticias de lo ocurrido en Shilku, Lyria Portir les entregaría de forma gratuita la cédula de exploración y rechazaría la parte de sus botines que le correspondería por su exploración de Chult, y además, contarían con alojamiento y comida en el Fuerte, y pergaminos o pociones que se encontraran en los almacenes de la fortaleza. 

Tras meditarlo breve tiempo, en nombre del grupo, Kellek aceptó la misión, así que se prepararon para zarpar hacia la Bahía de Shilku...