Hace pocos días, se hizo público el fallecimiento del escritor Dan Simmons, autor de muchas obras tanto de terror como de ciencia-ficción, ganador de numerosos premios... y probablemente uno de mis escritores favoritos. Dentro del grupo de Telegram sobre lectura del que formo parte, nos pareció una buena idea homenajearle a nuestra manera, es decir, haciendo lo que más nos gusta, que es leer, y nos hemos embarcado en una repentina lectura conjunta de la novela que encumbró a Simmons al olimpo de los escritores, que le granjeó premios y nominaciones y que hizo que entrara en la historia del género.
Sí, he vuelto a leer Hyperion. Sí, van tres o cuatro veces. Hoy en día, con la cantidad de libros que todos tenemos en lista de espera, con la famosa montaña amenazando con derrumbarse sobre nosotros y aplastarnos, parece que releer un libro que ya has leído es poco menos que una pérdida de tiempo y un monstruoso insulto a las Parcas, que afilan sus tijeras acortando nuestro tiempo y mirándonos con desprecio. Y sin embargo, yo no puedo evitar volver una y otra vez cada cierto tiempo a los mismos lugares, a esos espacios en los que no solo es que me sienta cómodo, es que me siento querido. Y al igual que termino siempre volviendo al Silmarillion y a decir que el hogar de mi corazón siempre estará en Beleriand, también, de una forma o de otra, termino volviendo a este libro, y a descubrir página tras página que este es uno de mis lugares felices y que siempre estaré encantado de volver.
Y pasado ya el párrafo de sentimentalismos, ¿qué es Hyperion? Este libro es, ni más ni menos, que mi libro de Ciencia-Ficción favorito, el primero de una historia conocida genéricamente como Los Cantos de Hyperion, y que continuaría en la novela La Caída de Hyperion, que por supuesto, aparecerá por aquí en algún momento de nuevo, porque sin mirarlo siquiera, estoy seguro de que ya he hablado de estos libros en este blog. Más allá de esto, Hyperion nos lleva al futuro, a un futuro más o menos lejano en el que la Humanidad se ha extendido a varias docenas de mundos cercanos a nuestro brazo de la Vía Láctea, formando la Hegemonía de la Humanidad. La Tierra (o Vieja Tierra) desapareció hace siglos en un terrible accidente, y hombres y mujeres se han establecido en lugares como Tau Ceti, Lusus, Hebrón, Jardín o Alianza-Maui, mundos con diferentes ecosistemas y culturas, que reflejan parte de lo que fue Vieja Tierra. Apoyando a la Hegemonía se encuentra el TecnoNúcleo, una alianza de Inteligencias Artificiales que colaboran militar y estratégicamente con los humanos. Y en el momento de inicio de la novela, la mayor amenaza al a Hegemonía viene de los éxter... que no están bien definidos, pero que vienen a ser humanos criados en el vacío del espacio.
El disparador de la historia es una peregrinación sagrada, lo que le da un toque muy especial al libro. Un grupo de viajeros se dirige hacia Hyperion, un mundo lejano, que aún no forma parte de la Red de Mundos, y que guarda un enigmático misterio: Las Tumbas del Tiempo, unas estructuras de origen desconocido que parecen viajar hacia atrás en el tiempo, y que resultan ser el dominio de una criatura conocida como El Alcaudón, conocido por algunos como el Ángel de la Venganza, por otros como El Señor del Dolor, una criatura de cuchillas y púas que sigue sus propios y desconocidos dictámenes. Y mientras los peregrinos acuden a Hyperion, la guerra entre los éxter y la Hegemonía se dirige a un punto de no retorno... y todo lleva allí, al lejano planeta y a las Tumbas del Tiempo.
Simmons nos introduce en esta historia a través de una mecánica similar a la que ya utilizó Chaucer en los Cuentos de Canterbury: los viajeros intercambian sus historias. En este caso, lo hacen durante su peregrinación a las Tumbas del Tiempo, y en cada una de esas historias, el autor parece recurrir a voces y formas diferentes, haciendo guiños a varios géneros dentro del mundo de la cifi... y de la literatura. A través de las historias del padre Lenar Hoyt, del poeta Martin Silenus, del profesor Sol Weintraub y su hija Rachel, de la detective Brawne Lamia, y del enigmático "cónsul", sin nombre declarado en la mayor parte del libro, Simmons nos habla de religión, de etnografía, de literatura, de horror corporal, de tragedia, de arqueología, de noir detectivesco, de traición y acción, de colonialismo y venganza... A través de cada uno de los capítulos de Hyperion, y mientras nos acercamos a las Tumbas del Tiempo, Simmons nos va golpeando con ideas más grandes que la vida, y lo hace en todo momento utilizando personajes asequibles, reales y bien desarrollados, y construye con todo el libro, con todas y cada una de las palabras que vuelca en él, una canción... un Canto... una elegía de amor hacia la literatura, hacia la poesía, encarnada en la figura de John Keats, el autor británico del Romanticismo que, como buen romántico, tuvo una vida más breve de lo que hubiera sido deseable, y que cristaliza aquí, de manos de Simmons, en una figura omnipresente en la novela, en un hilo que nos lleva de una historia a otra, que da nombre a la ciudad principal del planeta (Keats), al mundo en el que se encuentra (Hyperion)... y a más cosas de las que no puedo hablar porque es desvelar más de lo que estoy dispuesto a hacer.
Hyperion es un libro que hay que leer. Un lugar en el que hay que estar. Una experiencia que hay que vivir.
Y sobre todo, es una oda al arte no solo de escribir, sino también de leer.