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sábado, 16 de febrero de 2019

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 13

Después de conseguir la Orquídea Negra de Nangalore, los aventureros se dirigieron rápidamente hacia Kir Sabal, para que la sacerdotisa Asharra pudiera realizar para ellos el Ritual de los Siete Vientos, de modo que pudieran sobrevolar la selva y localizar la ciudad de Omu, actual dominio del malvado Ras Nsi, que antaño alzara ejércitos de muertos vivientes en Chult, y a quien la sabia naga de Orolunga les había pedido que mataran... y lugar donde probablemente se escondiera el Almero que llevaban buscando desde que llegaran a Chult. Y en Kir Sabal, tal y como había prometido, la sacerdotisa de Ubtao llevó a cabo su ritual, destruyendo la Orquídea Negra y sacrificando sus propias alas en el proceso para que los aventureros pudieran volar durante tres días. Así, ellos obtuvieron sus propias alas, y siguiendo las indicaciones que habían ido consiguiendo durante su periplo por Chult, se dirigieron hacia el suroeste, donde finalmente, tras haber consumido casi los tres días de vuelo, avistaron la ciudad de Omu.



La ciudad se encontraba en una gran hoya rodeada de jungla y al pie de un volcán activo, y hacía mucho tiempo que había sido devorada por el agua de un río que inundaba parte de la ciudad y que la llenaba de brumas y niebla al precipitarse sobre el pozo de lava que resbalaba del volcán. Cómo les había advertido Asharra, la ciudad estaba vigilada por decenas de gárgolas, así que decidieron mantenerse a cierta distancia, y tras examinar sus posibilidades, Kellek decidió someter a votación por dónde debían entrar en la ciudad, por unas escaleras situadas al suroeste tal y como señalaba Leodithas, o descendiendo por las caídas de agua del noreste, como plantearon Joehr y Jade, y ese fue finalmente el camino que decidieron seguir. Mientras preparaban la bajada, Kellek observó la ciudad y tuvo una sorprendente visión, en la que la ciudad, aún en su esplendor, era devorada por la oscuridad, con centenares de muertos por las calles y las almas volando como buitres sobre ella. Afrontaron el descenso con cuidado, aunque Joehr acabó precipitándose montaña abajo, cayendo a las aguas. Tras recuperarse, finalmente comenzaron a explorar la ciudad, haciendo frente a dos enredaderas asesinas, que pusieron en aprietos a Kellek, y encontrando un pequeño templo inundado al que accedieron tras acabar con cuatro cocodrilos y un cocodrilo gigante que tenían allí su nido. El templo estaba dedicado a un tal Papazotl, que parecía ser una especie de dios semejante a un eblis. En el interior del tempo había varias estatuas y un mosaico que representaba el enfrentamiento entre pel eblis Papazotl y una rana con tentáculos que según las inscripciones descifradas por Kellek, recibía el nombre de Kazamot. En el interior del templo, encontraron un pequeño altar que escondía una trampilla sellada, y que los aventureros se empeñaron enseguida en abrir. Después de que Leodithas consiguiera descifrar un acertijo escrito en las estatuas y descubrieran un pasadizo tras una de ellas, llegaron a una extraña sala vacía con un diseño de cuadrícula de diferentes colores sobre una de las paredes. 

Decidieron descansar allí mientras trataban de descifrar el enigma, y finalmente, al transponer las letras del acertijo de las estatuas con la plantilla de la pared, descifraron un nuevo mensaje que les señalaba que debían tapar los ojos de las estatuas. Así lo hicieron, y así se desbloqueó la trampilla sellada, de modo que consiguieron lo que escondía: un pequeño cubo de piedra con el sello de Papazotl tallado en sus caras. Pensando que debían localizar más templos, entendiendo que Papazotl debía ser uno de aquellos Dioses Embaucadores de los que habían oído hablar, se dirigieron hacia un edificio amplio... pero en el camino se encontraron frente a frente con un monstruo que sólo habían atisbado en la distancia, un gran tiranosaurio rex con el lomo cubierto de plumas y que vomitó sobre ellos un enjambre de avispas venenosas antes de tratar de devorarlos. Con Kellek atacando con su magia desde cierta distancia, el tiranosaurio puso en serios problemas a Jade, Leodithas y Jeorh, hasta que finalmente y tras una larga y peligrosa lucha, Jade consiguió acabar con  el dinosaurio, hundiéndole dos flechas en uno de sus ojos. Tras ser sanados por Kellek, decidieron continuar su camino, encontrándose con que el edificio al que se dirigían era un antiguo mercado, pero que estaba plagado de simples trampas, en una de las cuales cayó Joehr, que se encontró cubierto de ciempiés venenosos. Y siguiendo unas pequeñas huellas, encontraron un kobold que descendía hacia los sótanos del mercado... 

jueves, 7 de febrero de 2019

LA TUMBA DE LA ANIQUILACIÓN 12

Las ruinas de los antiguos jardines de Nangalore se encontraban finalmente ante ellos. Muchos años atrás probablemente hubiera sido un lugar hermoso, unos jardines colgantes edificados entre estatuas de mármol, altas cúpulas y surtidores... pero ese tiempo había quedado muy atrás. El paso de los años pesaba sobre las ruinas, algunas estatuas se habían derrumbado, igual que el tejado de una de las cúpulas. Extrañas flores, plantas y árboles crecían por doquier, y el río había inundado la zona, hasta el punto de convertir todo su entorno en una zona pantanosa. Kellek, Joehr, Leodithas, Jade y Turión se adentraron en los jardines en busca de la Orquídea Negra, encontrando unos jardines descuidados entre los que sobrevivían unas viejas imágenes de la reina Zalkore, en cuyo nombre parecía haberse fundado el jardín, y que ya transmitían tensión hacia un tal Thiru-Taya, que al parecer había sido su amante y luego la había traicionado. Buscando la orquídea, tuvieron que hacer frente a una emboscada de unos extraños zombies que parecían manejados por unas peculiares plantas amarillas, a lo que Kellek consiguió destruir, y luego, escalando a la parte más alta del jardín, el sacerdote y Joehr acabaron con una araña gigante que había hecho su cubil en una de las estatuas que habían sobrevivido al tiempo. 

Después de que Jade y Joehr exploraran una parte del Jardín, decidieron investigar uno de los invernaderos, cuajados de extrañas plantas de colores brillantes y propiedades narcóticas, que decidieron recolectar con la idea de venderlas en el futuro en Puerto Nyanzaru, pero Jade cayó bajo la influencia de las plantas, narcotizada y luego hechizada por una extraña magia que resultó ser causada por los eblis sobre los que Asharra les había advertido en Kir Sabal, y que atacaron a los aventureros, utilizando su magia de ilusión, complicando la lucha. Después de acabar con los eblis, continuaron explorando el jardín, encontrando el nido de los eblis en una cúpula derruida, y pasando después a explorar al palacio central de Nangalore, después de que Jade derribara una puerta que hizo que parte del techo se derrumbara sobre ella. El palacio estaba presidido por una gran estatua de un guerrero chultano cuyo rostro había sido desfigurado por unas poderosas garras. Explorando la sala, encontraron una urna de cerámica, algo escrito en las paredes y una estatua más pequeña, que según pensaron se trataba más bien de un hombre petrificado. Las palabras parecían ser algún tipo de disculpa hacia Thiru-Taya, y pensando que podía tratarse de algún tipo de trampa, Kellek disparó con su arco hacia la urna, que se volcó, derramando un puñado de cenizas. 



Finalmente, utilizaron el palacio para cruzar al otro lado del jardín, entrando en la cúpula que había sobrevivido, y donde se encontraba la Orquídea Negra... custodiada por la reina Zalkore, cubierta de ligeros velos. Kellek trató de entablar una conversación con la reina, pero esta estaba enloquecida, y de alguna manera, consiguió saber que el sacerdote había perturbado los restos de su amado Thiru-Taya, por lo que se volvió contra ellos a pesar de las explicaciones de Kellek. Turión consiguió acercarse a ella lo suficiente para herirla, anticipándose a los movimientos tanto de la reina como de los eblis que la servían, pero después de herirla, cayó ante la espada de Zalkore. La lucha comenzó en el antiguo dormitorio real, donde los aventureros trataron de concentrar sus ataques en Zalkore, que después de que Leodithas también la golpeara con fuerza, convocó el espíritu de Thiru-Taya, que la custodió durante el resto de la lucha. La reina finalmente se retiró el velo, revelándose como lo que ellos sospechaban que era, una medusa, y todos trataron de evitar su mirada petrificante. Kellek se apartó del resto, utilizando su magia para sanar a Turión, y aprovechando la distracción de la reina para hacerse con la Orquídea Negra, mientras el ladrón elfo se arrojaba sobre ella, ignorando la posibilidad de quedar petrificado  para golpearla de nuevo, sobreponiéndose a la magia de la medusa, que finalmente caería atravesada por la lanza de Jade. La muerte de Zalkore disipó al espíritu de Thiru-Taya y dispersó a los eblis, y con la Orquídea en su poder, los aventureros decidieron alejarse de Nangalore lo más posible antes de poder descansar y recuperarse para emprender el camino hacia Kir Sabal... 

LA HISTORIA DE ZALKORE.
Zalkore era una antigua reina de Omu, conocida por todos por su belleza, y en cuyo honor, el general Thiru-Taya, su consorte, construyó los Jardines de Ka-Nanji, el Jardín Colgante de los Sueños. Pero la adulación constante terminó perturbando la mente de Zalkore, que cerró un siniestro pacto con una erinia para conservar su juventud y belleza para siempre. El pacto convirtió a Zalkore en una medusa, pero cuando esto se supo en Omu, el ejército de la ciudad se alzó contra la reina, exiliándola a los jardines, que pasaron a ser llamados Nangalore, El Jardín de los Sueños Perdidos. 

Furiosa pensando que Thiru-Taya había sido el instigador de la rebelión del ejército Omuense, Zalkore destruyó las imágenes de su consorte, pero con el tiempo, la reina exiliada descubrió que Thiru-Taya le había sido siempre fiel, y había pasado largas décadas encerrado hasta la muerte, castigado por defenderla. Zalkore consiguió que las cenizas de Thiru-Taya fueran llevadas a Nangalore, y luego comenzó a cultivar las extrañas plantas narcóticas que le permitían vivir en una suerte de sueño eterno en el que podía seguir viendo a su amante... 


martes, 5 de febrero de 2019

ATLAS OBSCURA

Atlas Obscura: An Explorer's Guide to the World's Hidden WondersAtlas Obscura: An Explorer's Guide to the World's Hidden Wonders by Joshua Foer
My rating: 4 of 5 stars

Atlas Obscura ha sido una lectura muy entretenida y sobre todo muy curiosa. Todos estamos acostumbrados a las guías de viaje, y más o menos, si planteamos un viaje a algún sitio del mundo, normalmente tenemos una idea de qué es lo que vamos a ver, porque habitualmente lo que hay que ver es... bueno, pues eso. Lo que hay que ver. Ahora bien, Atlas Obscura nos trae una serie de lugares que no siempre van a ser fáciles de encontrar, a los que en alguna ocasión incluso está prohibido acceder o en los que lo mismo te juegas hasta la vida... pero oye, que ahí están y que son sitios nuevos, sorprendentes. Un lago africano que una noche mató a casi toda la población de un poblado cercano, un cementerio en Rumanía donde las lápidas están ilustradas con elementos sarcásticos de la vida de los fallecidos, una fiesta en España de saltar bebés, una piscina en Australia donde te bañas con cocodrilos, museos extraños, construcciones extravagantes... Todo un desfile de 365 lugares que, como poco, son eso, extraños y curiosos.

¡¡Muy divertido!!

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