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lunes, 6 de junio de 2016

RAVENLOFT: LA NAVE DEL HORROR (V)

Ajena a todo lo ocurrido en la mansión de los Graben y en la posada, Ailyn despertó en la posada, sintiéndose aún enferma por el viaje. Para ella fue una sorpresa enterarse por la gente de El Cordero Negro de lo que había ocurrido, y sin dudar un instante, salió hacia el cuartel de la guardia, esperando poder ver a sus compañeros. Allí, Ailyn se encontró con que el cuartel estaba cerrado y los guardias la impedían el paso, pero no tardó mucho en ser encontrada por Berenice, que la puso al tanto de todo lo ocurrido durante su enfermedad, incluyendo la muerte de Bastian. Mientras barruntaban un plan con el que ayudar a sus compañeros, dentro, mientras Kenzi se mostraba tenso y enfadado; y Ronna silenciosa y taciturna; Balduin consiguió hablar con uno de los guardias, averiguando que al amanecer acudiría el juez para hablar con ellos. Finalmente, el sueño venció a Balduin y Ronna, mientras Kenzi continuaba vigilante. Balduin tuvo un extraño sueño, en el que se veía cerca de un bosque susurrante. Al adentrarse, escuchó una voz que decía "Para avanzar, primero debéis morir"; y acto seguido, la sombra de un jinete decapitado y armado con una guadaña se alzó sobre él. 



Balduin despertó poco antes del amanecer, y tanto los tres cautivos como Ailyn y Berenice, cada uno desde un punto de vista diferente, pudieron ver la llegada del juez al cuartel. Al entrar en la cárcel, los guardias sacaron de las celdas a los aventureros, que se dispusieron a escuchar al juez, que se presentó como Galavan. Aunque Kenzi no se mostró demasiado colaborador al principio, tuvo que callar cuando Galavan utilizó un hechizo para silenciarle mientras permitía que Balduin fuera quien se explicara. Tras una corta charla con el juez, los aventureros descubrieron que Galavan tenía ciertos conocimientos sobre la verdad tras los Graben, y consiguió que todos entendieran qué era lo que había fallado la noche anterior... y que había acabado con un guardia inocente muerto. Finalmente, Galavan les dio permiso para permanecer en Graven por dos días más, esperando que así pudieran acabar con la progenie de Ezekiel Graben, y condenando a Kenzi a pagar una cantidad de dinero que bastara para asegurar el futuro de la mujer y los hijos del guardia. Después de que Balduin duplicara el importe, pudieron finalmente abandonar la prisión, reuniéndose con Ailyn y Berenice, que les esperaban, antes de dirigirse a la posada, donde descansaron durante algunas horas antes de, con el sol en el cielo, dirigirse hacia la Mansión Graben. 

Una vez allí, y aunque Ailyn hizo más ruido del que podrían considerar deseable, consiguieron encontrar un acceso directo al semisótano de la mansión, donde encontraron los barriles en los que los Graben escondían los cadáveres que robaban del cementerio. Desde allí, exploraron parte de la mansión, haciendo frente a algunos Graben a los que el ruido había despertado, y consiguiendo finalmente encontrar un cuaderno en el que se detallaban las órdenes de Ezekiel Graben a los diferentes capitanes de los barcos que llevaban los cadáveres a Todstein. Descendieron a los sótanos de la mansión, donde, con los Graben ya despiertos, se apresuraron a tratar de encontrar a Ezekiel antes de ser de nuevo rodeados por aquellas criaturas. Así, casi a la carrera y con Berenice bloqueando el pasillo desde el que venían con una de sus telarañas, dieron con una gran habitación subterránea, donde al parecer, colgaba el cuerpo de Bastian. Mientras exploraban la habitación, sufrieron varios ataques mágicos, descubriendo Balduin y Ronna que se trataba de una ilusión, y dando Ailyn con un pasillo oculto tras una cortina por el que varios Graben parecían llegar a toda carrera. Finalmente, Ronna dio con Ezekiel Graben, escondido en un tramo de escalera que ascendía a la torre de la mansión. Ezekien Graben no era humano, sino un espantoso demonio cubierto de espinas que herían a todos aquellos que se acercaban a él, así que fueron las flechas de Lady Berenice y las balas de Kenzi las que consiguieron finalmente acabar con el señor de los Graben, aunque no antes de que varios de sus descendientes entraran en la habitación, poniéndoles en grandes aprietos. Ronna estuvo a punto de morir, y fue salvada in extremis de una muerte cierta, mientras que Ailyn, en su huída, también terminó mordiendo el polvo y terminó siendo asistida por Berenice y Kenzi mientras Balduin defendía su retaguardia. Pero sin el poder de Ezekiel Graben, sus descendientes no tardaron en ver como la magia que les mantenía vivos se extinguía, y desde la torre, Berenice pudo ver como todos los familiares que salían de las casas que rodeaban la Mansión, se convertían en polvo. 

Satisfechos por haber conseguido su objetivo, aunque malheridos, encontraron el tesoro de Ezekiel Graben, así como un cartapacio donde el patriarca de la familia guardaba las cartas recibidas desde Todstein, Al parecer, Ezekiel servía a un tal Meredoth, que residía en la isla de Todstein y que era quien ordenaba a los Graben que le abastecieran de cadáveres...