No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

lunes, 11 de julio de 2016

RAVENLOFT: DESDE LAS SOMBRAS (II)

Utilizando sus macabras habilidades mágicas, Azalin lanzó sobre los aventureros el sortilegio que les llevaría al pasado, donde esperaba conseguir el Amuleto de los Raven. Más de trescientos años en el pasado, los aventureros se encontraron en el Castillo de Ravenloft, en Barovia, durante la celebración de la boda entre Boris von Zarovich y su amada Tatyanna. Las mentes de los aventureros ocuparon los cuerpos de uno de los guardias del castillo, el ama de llaves, un ladrón infiltrado en la celebración, una maga dispuesta a actuar, un joven hechicero, un poderoso barón y un hermosa joven, comenzaron a buscar el camino al santuario familiar de Ravenloft. Mientras, ocupando otros cuerpos, Kenzi, Raven, Ezekiel y Ronna consiguieron encontrar el santuario y obtener el Medallón (además de otro valioso objeto, el Icono de Ravenloft), Berenice, Ailyn y Balduin fueron testigos del momento fundacional del Semiplano del Horror, la transformación de Strahd von Zarovich en un poderoso vampiro. Tratando de evitar la masacre que el vampiro estaba llevando abajo, los aventureros consiguieron llegar a las habitaciones donde Strahd había matado a su hermano Boris antes de salir en persecución de Tatyanna, y Kenzi utilizó a su anfitriona para arrojarse por la ventana, llevándose con él el Medallón y el Icono... haciendo que sus mentes volvieran a sus cuerpos... o al menos, a la parte de ellos que no estaba dominada por Azalin. 



El hechicero cadáver se mostró satisfecho con el resultado de la misión de los aventureros, cuyas cabezas depositó de nuevo en las estanterías antes de teleportarse fuera de la sala, bajo los cuidados de su familiar, el demonio Skeever. El demonio comenzó a gastar crueles bromas a los personajes, cebándose en Ezekiel, aunque consiguieron engañarle para que mostrara cómo dominaba Azalin sus cuerpos, a través de unas criaturas insectoides que el cadáver había colocado en sus cuerpos decapitados, y averiguaron también que en el almacén cercano, guardaba el Ungüento Sanguíneo que podía volver a unir sus cabezas a sus cuerpos. Sin embargo, antes de que el demonio pudiera explicarles algo más o hacerles algún daño, sus travesuras fueron interrumpidas por la naga que Azalin había convocado para que mantuviera la sala libre de alimañas. Skeever huyó y dejó libre el cuerpo de la gnomo Raven, que se apresuró a liberar el cuerpo de Ronna del insecto que la controlaba. Con sus compañeros libres, comenzaron a buscar sus objetos en el montón de cosas que Azalin amontonaba en un rincón, descubriendo que faltaban varias de sus posesiones, como el mandoble de Ronna, las pistolas de Kenzi o el escudo de Balduin. Al abrir Kenzi la puerta que daba al almacén, atrajo la atención de la naga que Azalin había invocado, que les atacó antes de desaparecer brevemente para atacarles después, cuando estaban todos juntos. Berenice y Ailyn consiguieron acabar con la naga, y pronto todos recuperaron sus equipos y sus cabezas. Sería Berenice quien encontrara la salida del laboratorio de Azalin, al que el liche accedía teleportándose: un angosto túnel excavado por alimañas, Tras descansar unos momentos y recuperarse con pociones curativas, y los poderes de Ezekiel y Raven, siguieron a Balduin y Berenice por el túnel, y a duras penas consiguieron llegar al otro lado, donde el paladín se encontró con una gran sala llena de huesos. Nada más salir, Balduin se encontró atrapado en el interior de un esqueleto gigante que atacó a Berenice con un hacha. La Elfa y Kenzi atacaron al esqueleto, dañándole pero alcanzando también al prisionero Balduin, que finalmente, se liberó utilizando sus habilidades de paladín. Berenice, Kenzi y Ailyn acabaron con el esqueleto gigante, y encontraron unas escaleras que ascendían a otro nivel de sótanos, aunque dejaron atrás varias puertas sin explorar tras las que Raven percibía una poderosa magia. 

En el piso superior, encontraron un pequeño distribuidor. Kenzi y Ezekiel dieron con una gigantesca sala llena de zombis, al menos medio millar de ellos, que se volvieron hacia ellos de forma simultánea, pero sin hacer ningún movimiento amenazador más, aunque eso bastó para provocar un intenso miedo en Ezekiel, aunque se limitaron a cerrar la puerta tras ellos. Por otro lado, Raven se infiltró en la puerta sur, dando con unas celdas en las que un grupo de zombies armados mantenían a una treintena de prisioneros. Los aventureros se ocuparon de los zombies guardianes sin demasiadas dificultades, y liberaron a los prisioneros, encontrándose con un problema a la hora de decidir qué hacían con ellos. Finalmente, y al ver que sus compañeros parecían eludir responsabilidad alguna sobre los débiles prisioneros de Azalin, Berenice decidió quedarse con ellos, custodiándolos mientras el resto de los aventureros buscaba una salida del Castillo Avernus. Aunque habían defendido dejar a los prisioneros a su libre albedrío a instancias de Ailyn, Balduin convenció a los diez que habían decidido seguirles para que permanecieran en la celda, prometiéndoles volver después a buscarles, dejando a Berenice ser la barrera entre ellos y los peligros que pudieran aparecer en el Castillo Avernus. 

Siguiendo a Raven, llegaron a la primera planta del castillo, a nivel de suelo, encontrándose en una galería donde Azalin había reunido retratos de los señores de Ravenloft. Desde la galería pudieron acceder a las puertas de salida del castillo, situadas en dos patios, pero se dieron cuenta de que estaban vigiladas. Balduin utilizó sus babuchas de escalada para observar el exterior y el abismo al que se abría el castillo, y Raven voló convertida en cuervo para escrutar las torres, estando a punto de morir al escuchar el eco del grito de un Banshee, que pensaron que quizá pudiera custodiar la filacteria donde se encontraría el alma de Azalin, por lo que ellos podían saber de los liches. Pero sin haber aun digerido lo ocurrido, Ailyn tuvo un sobrecogedor encuentro con un inesperado, desconocido y al mismo tiempo familiar personaje... el fantasma del vistani Hyskosa, que había muerto en las entrañas del Castillo Avernus. Hyskosa les repitió sus antiguas profecías, las seis rimas que anunciaban el fin del mundo tal y como él lo podía contemplar, y que en su día, Balduin, Ailyn, Clavis, Lady Sombra y Koiel descubrieran en la demente dinastía de los Tarascon, en Souragne. 

La luz del sol brillará sobre los muertos, rezumará y caerá volviendo rojos los restos.

El hijo de los soles ha de alzarse siete veces para hacer que el humilde, por toda la eternidad solloce.

El la casa de Daegon el gran brujo nació, de la vida, la no vida, de los no vivos se burló.

El niño sin vida de la inflexible madre habla. Presagia un tiempo, una noche, en la que la oscuridad se desata. 

Los sin cuerpo viajarán al tiempo de antaño, donde felicidad y odio crean leyendas de año en año.

Inajira sus fortunas invertirá, y todo lo que vive horriblemente maldecirá.

Con sus últimos alientos de existencia, además de recordarles las profecías (que parecían haber vivido por completo... la destrucción del los muertos al servicio de los Tarascon en Souragne, el despertar de Ankhepot en Har-Akir, el intento de resurrección de Daglan Daegon a través de su descendiente, la aparición del espectro de Charlotte, y su propio viaje al pasado), Hyskosa les reveló que Azalin podía perseguirles y destruirles a no ser que ellos consiguieran su filacteria, indicándoles que se la llevaran al Sagrario de Nevuchar, donde podrían destruirla al amanecer del tercer día...