No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

domingo, 31 de julio de 2016

RAVENLOFT: LAS RAÍCES DEL MAL (II)

Después de recibir los consejos y las visiones de Madame Yvonna, y tras pasar la noche bajo la protección de los vistani, partieron al amanecer hacia Vallaki, la población más cercana al Castillo Ravenloft. Vallaki era poco más que una aldea situada al pie del gran pico en el que se alzaba el Castillo, y las puertas de la aldea estaban cerradas. Los guardias parecían asustados por las consecuencias que estaba teniendo la Gran Conjunción, pero finalmente Ezekiel consiguió convencerles para que les dejaran entrar, aunque cerraron rápidamente las puertas tras ellos. Los aventureros acudieron a la posada, el Agua Azul, donde tampoco fueron recibidos con los brazos abiertos, ya que despertaban bastante suspicacias. Al entrar, Ailyn vio una niña que les observaba, pero la muchacha se limitó a correr cuando vio que la bárbara la observaba. Mientras Ailyn custodiaba el cadáver de Ronna, temiendo que las fuerzas libres de Ravenloft pudieran alzarla como una no-muerta, Balduin recorrió el pueblo, encontrando una vieja iglesia en ruinas, dedicada a los dioses de la vida, donde encontró a un anciano sacerdote, que no le dio mucha información más allá de que el pueblo estaba aterrado por lo que estaba pasando y que todos estaban bajo la protección de la Reina Kristiana. Mientras intentaban descansar, Ezekiel creyó ver un ghoul observándole a través de una ventana, así que el vidente salió junto a Kenzi, Ailyn y Berenice a buscar al no muerto, aunque no lo encontraron. Finalmente, se reunieron con Balduin y decidieron comenzar su viaje hacia el Castillo Ravenloft. Tras cruzar las puertas que cerraban el camino, se encontraron con un carruaje negro sin conductor. La mayoría se mostraron cautos, pero Balduin y Berenice decidieron subirse al pescante, con lo que el carruaje se puso en marcha. Finalmente, el resto decidieron subir al carruaje, y este comenzó un viaje de vértigo hacia arriba, a través del estrecho camino hacia el Castillo, un camino que estuvo a punto de costarle la vida a Kenzi que estuvo a punto de despeñarse cuando la puerta del carruaje se abrió al pasar por desfiladero. Finalmente, tras varias horas, y rodeados de lluvia y niebla, llegaron al Castillo Ravenloft.



Ante el Castillo el carruaje volvió hacia la oscuridad, y ateridos y empapados, llamaron la atención de los guardias del castillo, que se encontraban a salvo tras un foso y un puente levadizo recogido. Tras esperar un rato, consiguieron convencer a los centinelas para que les permitieran entrar, llevándoles ante la presencia del Rey Barov y la Reina Kristiana. En aquellos pasillos, Ailyn encontró una sobrecogedora figura en un mural que representaba una batalla en una montaña, la figura de un hombre gigantesco con cabeza de chacal que parecía luchar del lado de Barovia. Ezekiel vio a una niña que les observaba y escapó después, pero cuando iba a seguirla, Ailyn y Kenzi repararon en su ausencia y le llamaron para que continuara con ellos. Finalmente, llegaron ante los Reyes, encontrándose con una sorpresa: el Rey Barov era idéntico a Strahd, y la reina Kristiana les recordaba poderosamente a Tatyanna. Dominando su sorpresa, consiguieron mostrarse diplomáticos ante los reyes. Además de Barov y Kristiana, allí estaban dos sacerdotes de la fe de Kristiana, una docena de guardias y la maga que protegía a Barov, la anciana Anebroun. Ante la petición de los aventureros, Kristiana utilizó su poder divino para devolverle la vida a Ronna, y uno de sus sacerdotes curó la lengua de Balduin, que de inmediato expuso ante Kristiana y Barov todo lo que les había ocurrido desde que cayeran en manos de Azalin. Kristiana les explicó que los dioses estaban furiosos con ellos por haber derramado el mal de Ravenloft sobre el multiverso, pero les daban una oportunidad, y en las visiones de Kristiana, la Filacteria de Azalin era la herramienta con la que podían conseguirlo. Anebroun les pidió la Filacteria para poder destruirla, pero Kristiana se negó, argumentando que los aventureros tendrían que custodiarla. Kristiana y Barov llevaron a los aventureros a la capilla de donde siglos atrás habían robado el Medallón de los Raven y el Icono de Ravenloft, y allí, la Reina oró a los dioses, que le dieron una respuesta. Los aventureros deberían devolver a la capilla el Medallón de los Raven y la Filacteria de Azalin, el bien y el mal más puros, para deshacer la Gran Conjunción. Agradecida por la visión, Kristiana comenzó una vigilia en la que participaron Barov y sus sacerdotes, junto a Balduin y Ezekiel, mientras Kenzi, Ronna y Ailyn descansaban en la capilla y Berenice salía de allí, con la intención de seguir a Anebroun, aunque la presencia de un guardia la persuadió de no hacerlo. 

Y repentinamente, la capilla del castillo fue atacada por un poderoso demonio, una criatura con cuerpo humano y cabeza de chacal, pero cuya sombra se extendía por toda la sala sala, llenándola de sombras y fuego. El demonio tomó al rey Barov, llamándole Strahd, y acabó de un solo golpe con su vida. Ronna y Kenzi trataron de atacarle, pero las balas del pistolero se detuvieron en el aire antes de tocarle, y el mandoble de Ronna se consumió cuando le rozó. El demonio se dio cuenta de que Barov no era Strahd, y trató de alcanzar a Kristiana, a la que Ronna trataba de sacar de la sala, mientras Ailyn, Kenzi y Ezekiel eran dominados por el miedo. El demonio atacó a Balduin, hiriéndole con su espada llameante y su látigo, mientras convocaba a dos criaturas demoniacas, que cerraron el paso a Ronna. El demonio atrapó a Kristiana con su látigo y desapareció junto a ella, y mientras sus criaturas atacaban a Ronna, Berenice hizo su aparición, tratando de atacarles con sus flechas. Pero cuando su maestro demoníaco hubo desaparecido, ellos le siguieron, y mientras se recuperaban de lo ocurrido, antes de que llegara el resto de la guardia, Strahd hizo su aparición, llamando al demonio por su nombre, Inajira, y partiendo tras él en busca de la Reina Kristiana. Ezekiel reconoció el nombre de Inajira de la profecía de Hyskosa, y allí, en la Capilla de Ravenloft, decidieron partir en busca de Azalin para recuperar el Medallón y el Icono. Uno de los sacerdotes de Kristiana, Thormurray, se unió a ellos, y después de volver a pedirles la Filacteria, también lo hizo Anebroun. Al amanecer, Balduin sacó la Filacteria de Azalin del saco donde la guardaban, y vieron que sus ojos se iluminaban cuando señalaba hacia Vallaki...