No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

martes, 28 de abril de 2015

MAGO: LA GUERRA DE HORIZONTE I

Después de la Caída de Mus y el destructivo despertar del Rey de la Montaña, el verano continuó, y una mañana, a mediados de Agosto, Eyes salió a correr, como casi todas las mañanas. En un parque, se encontró con un hombre, de aspecto mediterráneo con ropas indias, que se presentó como Kallikos. Aquel hombre le habló a Eyes de la Guerra que se acercaba, y que acabara con la victoria o la derrota de las Tradiciones, supondría tu destrucción. Kallikos entregó a Eyes un amuleto en forma de reloj de arena, y después, desapareció. Eyes volvió a Chinese Red, encontrándose con Detector y Balam, y acercándose hasta este último, fuera de sí, y dándole una sencilla orden cargada de energía temporal: Recuerda.

Los recuerdos acudieron como un torrente a Balam, que recordó su huída de un lugar llamado "El Colectivo Gris", donde la Tecnocracia parecía haber estado haciendo experimentos con él y con otros magos. Allí había sido conocido como "17", y su compañera, 16, una muchacha llamada Cindy Reynolds, le había ayudado a huir, enviándole a buscar a su hermano Alvin para que juntos, pudieran rescatar al resto de los prisioneros del Colectivo Gris. Balam recordó su huida en un camión de ropa sucia hacia el punto de contacto entre el Colectivo Gris y la Tierra, Químicas Everwell, en Rochester (Nueva Inglaterra); el punto donde sus recuerdos comenzaron después de su amnesia. Sci-Fi, no demasiado bien parado después de intentar realizar un efecto de adivinación de Tiempo sobre el amuleto de Kallikos (al que él ya había conocido en un vuelo entre San Francisco y Nueva York), tuvo que acudir urgentemente a su centro de estudios, mientras sus compañeros, tras una breve investigación, que les permitió localizar a Alvin Reynolds en la Cábala de las Manos de la Esperanza, en Los Ángeles, decidieron acudir en busca de este, antes de investigar lo que ocurría en Químicas Everwell. 

Eyes, Myrddin, Balam y Detector partieron hacia Los Ángeles,  a unas cinco horas en coche de San Francisco. Durante el camino, a través de una carretera secundaria que les llevaría al Campamento Casey, sede de la Cábala de las Manos de la Esperanza, se encontraron con lo que parecía ser un accidente de tráfico, con una chica pidiendo ayuda. Resultó ser una emboscada de un grupo de Merodeadores errantes, que estuvieron a punto de acabar con la vida de Eyes, que tuvo que ser salvada por Detector, utilizando para ello la carta que Madame Cleo Verthank le había dado en el Ojo de la Tempestad, curando todas sus heridas; antes de que Myrddin y Balam pudieran acabar con los atacantes. Finalmente, consiguieron llegar al Campamento Casey, situado en el corazón de un viejo bosque de secoyas, una Cábala de los Verbena y los Adeptos Virtuales, dirigida por una Verbena llamada Rhiannon. La Cábala estaba preparando una celebración del verano, por lo que había visitantes de otros lugares, como una joven que recibió a los personajes, y que se presentó como Jenny Smith. Rhiannon recibió a los personajes, integrándoles en la celebración, y mientras Eyes y Detector ayudaban en la decoración y la preparación de la celebración, Balam y Myrddin se reunieron con Alvin,explicándole lo ocurrido en el Colectivo Gris. Alvin Reynolds se mostró sorprendido por el relato de Balam; habían escuchado rumores de una prisión para miembros de las Tradiciones, un sitio llamado El Colectivo Gris, a quien se responsabilizaba de la desaparición de Magos de las Tradiciones. Con la información de Balam, podrían preparar un asalto al Colectivo Gris a través de Químicas Everwell. 

La noche llegó, y con ella la celebración de Agosto. Durante la fiesta, Detector estuvo hablando con Jenny, mientras Eyes charlaba y bailaba con sus hermanos de tradición, y Myrddin y Balam se llevaban la fiesta al lago... para encontrarse con que un grupo de la Tecnocracia había conseguido reventar las defensas de la Cábala, lanzándose al ataque con varias brigadas de los Hombres de Negro. Balam se trasladó a la Umbra, desde donde trató de hacer frente protegido a los Hombres de Negro, mientras que Myrddin se preocupó de sus acompañantes en la fiesta, siendo herido de gravedad, pero consiguiendo desviar la atención de los Hombres de Negro, y luego escapó, haciéndose invisible y manipulando la gravedad para moverse por el aire. Detector puso a salvo a Jenny, para luego hacer frente junto a Eyes a dos brigadas de los Hombres de Negro, que utilizaron sus dominios sobre Tiempo y Mente para atacarles, llevando a Detector al borde de la muerte. Balam tuvo que hacer frente en la Umbra a una pareja de extraños Nefandos, derrotando a uno y viendo como una extraña aparición, una mujer negra vestida con traje de chaqueta, como una ejecutiva, mutiló al Nefando, diciéndole a Balam que "Aliara" aún no le quería muerto. Balam consiguió llevarse a Eyes y a un casi comatoso Detector a la Umbra, mientras Myrddin y el resto de los miembros de la Cábala conseguían finalmente hacer frente al último empuje de los Hombres de Negro. 

Con el análisis de los hechos, Jenny Smith hizo una sorprendente acusación: según ella, Detector era el culpable del ataque de los Tecnócratas, lo que hizo que de inmediato Eyes y Myrddin salieran en su defensa. Un intento de Balam de utilizar un efecto de Mente para investigar la mente de Jenny, acabó con el Cuentasueños atrapado en un fractal mental, pero pese a ello, Eyes y Myrddin  consiguieron tumbar los argumentos de Jenny Smith, que además perdió la credibilidad del resto de los presentes, y se limitó a desaparecer. Balam narró su encuentro con los Nefandos y la frase de la mujer que le había salvado, provocó un nuevo acceso de desconfianza de los Miembros de las Manos de la Esperanza: Aliara era el nombre de la Emperatriz del Deseo, una de los Maeljin Incarna, los señores del maligno reino de Malfeas. 


PD: 

Arx Karagoz era el lugar escondido, el lugar en el que los buscadores de Monte Qaf se habían reunido más allá de su propia destrucción, el lugar en el que el Enigma se había revelado a sí mismo. El hombre observaba las bóvedas ocultas de la construcción, como si aquel lugar tratase de robar su atención, pero las palabras que le dirigían, eran demasiado importantes. Una y otra vez, sus ojos recorrieron los textos que le habían presentado, y finalmente, suspiró y cerró el volumen. 

Así que eso era lo que había ocurrido. Esa era la verdad y el destino de los Ksirafai. 

-Está bien-dijo, mientras cogía la máscara que le tendían-. Lo haré. Seré vuestro Frater Iago. 

Los hombres que tenía alrededor asintieron, y el Oráculo del Tiempo, se permitió incluso esbozar una sonrisa. 

-¿Y qué harás entonces, Iago, si es así como quieres que te llamen ahora?

-Lo sabes, Kallikos, si es así como quieres que te llamen ahora-respondió el hombre, que se había puesto ya la máscara de Frater Iago-. He de morir para renacer. Y desde la muerte, exterminaré a todos los que formaron mi casa. Ahora conozco la verdad y no he de cerrar de nuevo los ojos ante ello. Arrancaré cada brote que yo mismo he sembrado. Pero... ¿cómo haré para morir y volver?

-En la conflagración que se acerca, habrá tantas muertes que quizá una que no lo sea... pase desapercibida-respondió Kallikos, haciendo girar en su cuello un amuleto en forma de reloj de arena.