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domingo, 13 de diciembre de 2015

RAVENLOFT: FIESTA DE GOBLYNS (IV)

Decididos a acabar con la amenaza de Radaga, y a pesar de que se encontraban muy desgastados por su exploración de las catacumbas en las que se encontraba la Corona de Almádenas, volvieron a adentrarse en el refugio de la sacerdotisa. Allí, se enfrentaron a los esqueletos gigantes, pero también a Radaga, que hizo su aparición ocupando el tórax de uno nuevo esqueleto gigantesco. Aprovechando en primera instancia su posibilidad de atacar a distancia, y luego concentrando sus ataques en Radaga y su montura, Finalmente, Ronna consiguió acabar con el esqueleto que protegía a la sacerdotisa, y tras recibir numerosas heridas, una flecha de Lady Sombra acabó con la vida se Radaga. De inmediato, la caverna se hundió, lo que provocó que estuvieran a punto de perder a Ronna y Bastian, pero finalmente, consiguieron salir con vida de las cavernas de Radaga y abandonar la hondonada de los huesos, en dirección a Armonía, donde descansaron y se recuperaron de todo lo que había acontecido, antes de volver a salir en dirección a Skald, donde esperaban encontrarse con Akriel. En el camino, debatieron largamente sobre qué iban a hacer con la Corona, ya que Bastian y Clavis habían percibido una fuerte magia oscura en la corona, y dudaban de los objetivos de Akriel con ella.



A su llegada a Skald, acudieron a la Vieja Posada Kartakana, donde efectivamente, se reunieron enseguida con Akriel (posteriormente, Clavis descubriría que Akriel disponía de una habitación en la posada). Lady Sombra tanteó las intenciones de Akriel, haciéndola creer que no habían encontrado la verdadera corona, pero tras ver como Akriel se derrumbaba, admitieron que la habían conseguido. Akriel entregó a los personajes su pago, y les pidió un nuevo favor: que llevaran la Corona de Almádenas al Doctor Dominiani, su amado, en el dominio de Gundarak. Según Akriel, Dominiani disponía de los conocimientos adecuados para destruir la Corona, y con ella, el poder de su poderoso pretendiente, Reginald, sobre ella. A pesar de las dudas de Ailyn sobre todo lo que estaba ocurriendo, aceptaron la petición de Akriel, poniéndose en camino hacia Gundarak. El viaje fue sorprendentemente tranquilo, salvo un incidente con un jabalí y tres lobos, y finalmente, llegaron a la fortaleza del Doctor Dominiani, donde fueron recibidos por sus silenciosos sirvientes, unos monjes ataviados de gris. La siniestra fortaleza de Dominiani arrancó las dudas de los aventureros, al igual que la impresión de que el doctor intentaba en todo momento dejarles encerrados, aunque Lady Sombra se plantó, consiguiendo que el Doctor se disculpara por su costumbre. Dominiani solicitó escuchar cómo habían recuperado la Corona, aunque Clavis narró una historia completamente ficticia que el Doctor aceptó. Dominiani les confesó que se dedicaba a tratar a enfermos con problemas mentales, y que antaño, sus padres habían servido como militares bajo el servicio de Lord Gundar, pero él había preferido dedicarse a salvar las mentes. Llevados al tema de la Corona, Dominiani admitió tener los suficientes conocimientos mágicos como para destruir la Corona, aunque tardaría semanas en reunir lo necesario para dispersar el poder maligno de la Corona de Almádenas. Clavis y Bastian se ofrecieron para ayudar a Dominiani, pero este rechazó su ayuda, argumentando que temía por su seguridad si interferían. Poco después, se retiraron a dormir, y aunque hicieron guardias, la noche pasó tranquila. Al amanecer, encontraron una nota de Dominiani, informándoles que debía salir para tratar a un paciente. Les dejaba también una carta privada para Akriel, y el pago por sus servicios, dos mil monedas de oro en monedas de platino. Sin embargo, decidieron no dejar la Corona allí, y tras tomar el estuche con la carta para Akriel, abandonaron el castillo de Dominiani, decididos a volver con Akriel y entregar entonces a ambos la Corona, ya que seguían sin confiar en Dominiani

Así que emprendieron un nuevo viaje hacia Armonía, pero esta vez, apenas se alejaron medio día del castillo, pues pronto las Brumas les encontraron... y se vieron en otro lugar completamente distinto, en un terreno cocido por el sol, bajo una gran tormenta, y el cielo, los relámpagos trazaban la momificada faz de Radaga, cuya voz, llevada por los truenos, les dio la bienvenida a Daglan, el hogar de la estirpe de Daegon... y les dio las gracias por devolverla la Corona, que enseguida, Lady Sombra comprobó que habían perdido en algún momento de su viaje por las Brumas... Solo entonces, recordaron en tercer verso de la profecía de Hyskosa que les había llevado a Kartakass...

En la casa de Daegon, el gran brujo nació; de la vida, la no vida, de los vivos se burló.