Bueno, pues como si de
una conspiración judeomasónica se tratara, para ocultar que el Real Madrid está
ya a ni se sabe los puntos del Barça, parece que el mundo comienza a
convulsionarse, y ahora, hasta el Papa se suma a Rajoy, Bárcenas, Ana Mato y
Urdangarín en la cortina de humo sobre los resultados de los blancos.
Obviamente, todo lo
anterior es broma, pero lo que sí es cierto es que, como si de una maldición
oriental se tratara, parece que estamos viviendo tiempos interesantes. Y en
unos días, el 28 de Febrero, seremos testigos, por primera vez en más de
setecientos años, de la renuncia de un Papa. Sí, el término adecuado es “renuncia”,
ya que el Papa no “abdica” (no es un rey), ni dimite (no es… esperad, iba a
decir un político, pero estos tampoco dimiten). Y esto no ocurría desde que en
1294 el Pontífice Celestino V abandonara voluntariamente por primera vez la
Cátedra de San Pedro, creando un peligroso precedente y, ante todo, una
cuestión dogmáticamente incómoda.
Si el actual Papa,
Benedicto XVI, o Joseph Ratzinger, es ante todo un hombre intelectual, de gran
formación cultural y teológica, Celestino V era todo lo contrario. Nacido en el
sur de Italia con el nombre de Pietro Angelo da Morrone, el que sería Celestino
V era ante todo un hombre humilde, de tendencias ascéticas, que se retiraría a
unas celdas en los montañosos Abruzzos y que llegaría con sesenta años (sesenta
años de los de entonces, o sea, anciano no, lo siguiente) a ocupar la Cátedra
de Pedro como solución de compromiso tras dos años de debate entre la Curia
Romana, pues el Papado se había convertido en objeto de discusión entre dos
facciones, representadas por la familia Colonna y la familia Orsini, ambas
criadoras de Papas. Dos años habían pasado de la muerte de Nicolás IV cuando se
decidió alcanzar una solución de compromiso. Pietro da Morrone había alcanzado
cierto reconocimiento en Italia debido a su carácter ascético, y era un hombre
anciano, que no tendría una vida muy larga, y sin los conocimientos necesarios
para dominar el Papado… o sea, lo tenía todo para ser una marioneta de los
grandes de la Iglesia. Así, prácticamente, Pietro fue arrancado de su cueva y
nombrado Papa, aunque se mostró más duro de lo que esperaban sus electores,
manteniendo la corte papal alejada de Roma, en una tierra que le era más
familiar, Nápoles.
Cinco meses fueron
suficientes para que Celestino V se diera cuenta de que, por mucho que el
Espíritu Santo hubiera inspirado su nombre a los electores, se le había
olvidado inspirar en él esa misma fuerza, y decidiera volverse corriendo a sus
cuevas y a su vida ascética, dejando a la Iglesia en una situación en la que
jamás se había encontrado. Esta vez, en menos de veinticuatro horas, el
cónclave eligió un nuevo Papa, el Cardenal Presbítero de San Silvestre y San
Martín, Benedetto Gaetani… curiosamente el hombre que, si hacemos caso a las
historias de la época, había empujado a Celestino a renunciar a través de
curiosos medios de “tortura” psicológica (se dice que susurraba en las
habitaciones del Papa por las noches como si fuera la voz del infierno
llamándole, lo que enloquecía al inocente Celestino). Para escapar del acoso
del nuevo Papa, Celestino huyó a Morrone, y luego trató de escapar a Grecia,
pero fue detenido, y por orden de Bonifacio VIII, encerrado en el castillo de
Fumore, donde moriría en 19 de Mayo de 1296 tras un encierro de diez meses.
Así que como podéis
ver, la última vez que hubo dos Papas conviviendo, las cosas no acabaron exactamente
bien. A día de hoy, Benedicto XVI ya ha anunciado su intención de apartase de
la vida pública y encerrarse en un convento en Roma, así que es de suponer que
no habrá nadie que le acose y le obligue a huir a ningún sitio. Y es que como
he dicho antes, Joseph Ratzinger es inmensamente más inteligente que Pietro da
Morrone. Realmente, lo único que une a los dos hombres, es el perfil por el que
fueron elegidos: figuras mediáticas (cada uno con las características de su
momento) y de edad avanzada, lo que les convertía en soluciones de compromiso.
¿El problema
teológico? Que si la elección de los cardenales está inspirada por el Espíritu
Santo, ¿puede este dirigir a los Príncipes de la Iglesia a elegir a un hombre
que no está preparado para aceptar ese manto? Ahí radica el problema, y la idea
de que los Papas mueren Papas.
Pero esta vez,
Benedicto XVI se ha plantado. Ha dicho que las fuerzas no le acompañan. Es un
hombre mayor, y el Papado quita muchas fuerzas, es posible que Ratzinger no
quiera convertirse en la cabeza enferma de la Iglesia, como lo fue Wojtyla
durante muchos años. ¿Qué pasará ahora?
El procedimiento a
seguir es el mismo que si el Papa hubiera muerto, o sea, lo que ya vivimos con
la muerte de Juan Pablo II: la Iglesia queda en estado de Sede Vacante.
Normalmente, habría un período de nueve días hasta el inicio del cónclave en el
que lo Cardenales Electores se reunirían, un período conocido como “nihil innoverum”, en el que nada se
mueve en la Iglesia. Como Ángeles y
Demonios se encargó de contar al mundo, el período de Sede Vacante es aquel
en el que el Camarlengo ostenta el poder en el Vaticano, como encargado de “dirigir
la transición”. La mayoría del resto de los cargos vaticanos tienen que
dimitir, incluyendo altos cargos como el Secretario de Estado, y sólo
permanecen en su cargo el mencionado Camarlengo (el actual es el Cardenal
Tarsicio Bertone), el Penitenciario Mayor (Fortunato Baldelli), el Vicario
General de la Diócesis de Roma (Agostino Vallini), ni el Vicario General para
la Ciudad del Vaticano (Angelo Comastri).
Esta vez, debido a lo
especial de la situación y a la cercanía de la Semana Santa, no se esperará el
período de nueve días, y la Sede Vacante comenzará a mover su maquinaria a las
20:00 del mismo 28 de Febrero, inmediatamente tras la renuncia del Papa. Por
supuesto, eso abre todas las quinielas para la elección del nuevo Pontífice. ¿Volveremos
a ver la elección de un hombre de avanzada edad para impedir un pontificado tan
largo como el de Juan Pablo II? ¿Optarán por un hombre joven que pueda reforzar
una Iglesia cada vez más apartada, abandonada y con un fuerte problema de
vocaciones? Aunque puede pasar cualquier cosa, parece la Cátedra de San Pedro
tiene diez candidatos fuertes, a saber:
- Joao Braz de Avis, un hombre joven (para los estándares de la Iglesia), brasileño y cercano a la Teología de la Liberación.
- Timothy Dolan, también joven, y con el importante cargo de Arzobispo de Nueva York, sería el primer Papa estadounidense.
- Marc Ouellet, canadiense, de edad intermedia, y uno de los nombres que más fuerte suenan, al ser el propio Jefe de la Congregación de Obispos.
- Gianfranco Ravasi, tiene ya 70 años, y es el ministro de cultura del Vaticano.
- Leonardo Sandri, otro sacerdote americano, esta vez argentino.
- Odilo Pedro Scherer, otro brasileño, también joven, y que es apoyado por la mayor parte de América Latina sin tener el “peligro ideológico” que podría suponer un hombre como Braz de Avis.
- Peter Turkson, sería el primer Papa Negro, procedente de Ghana, es el Líder de la Oficia Vaticana para la Justicia y la Paz.
- El Arzobispo de Viena, Cristoph Schoeborn, es otro de los papables, el que sería quizá la elección más continuista con el actual papado, ya que incluso fue alumno de Benedicto XVI.
- Angelo Scola, el Arzobispo de Milán, ya fue papable en la anterior votación. Es el mayor de los favoritos, y la gran esperanza italiana de que el Papado vuelva a ser “italiano”.
- Luis Tagle, de Filipinas, es un hombre carismático, cercano a Benedicto XVI… y extremadamente joven, con sólo cincuenta y cinco años, se convertiría en un Papa a largo plazo.
En fin, estos son los
diez favoritos, pero claro, esto no es el Balón de Oro, y realmente en el seno
de la Iglesia cualquier cosa es posible… así que, sin duda, volveremos a hablar
de esto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario