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sábado, 26 de febrero de 2011

FRA ANGÉLICO: LA ANUNCIACIÓN

            Este fin de semana toca hablar de arte, de un pintor y una obra en concreto. Quizá no sea la pintura ni el autor más conocidos del mundo, pero se merece abrir los posts dedicados a arte que tendrá este blog (sí, también al arte, cuando dije que iba a hablar de todo… era verdad), porque es MI cuadro, MI pintura La primera vez que lo vi, en una visita organizada por mi profesor de literatura de 3º de BUP al museo del Prado, reconozco que esta pintura me dejó marcado, hasta el punto de que cuando durante la Carrera tuve que hacer un trabajo de Historia del Arte, no lo dudé, el tema elegido fue este.
            Aquí lo tenéis, La Anunciación de Fra Angélico.



            Guido di Pietro da Murello, conocido a día de hoy como “Beato Fra Angélico”, desde su beatificación por parte de Juan Pablo II en 1982, nació en Florencia más o menos hacia 1390 y moriría con 65 años en Roma, una edad más que respetable para la época de la que estamos hablando.  No hay noticias de donde o con quien se formó como pintor, aunque el estilo que muestra en sus pinturas posteriores, probablemente se formara como ilustrador o iluminador de misales. Y alguna relación con la Iglesia debía tener cuando en 1418 ingresó en un convento dominico en Fiesole, convirtiéndose finalmente en hermano de la orden de Santo Domingo en 1425 tomando el nombre de Fray Giovanni de Fiesole. Enseguida Fra Angélico comenzó a hacerse un nombre entre los artistas italianos, pintando varias obras durante su estancia en Fiesole que demuestran un estilo ya plenamente formado. A partir de 1436, los dominicos de Fiesole se trasladaron al monasterio florentino de San Marcos, y allí, Fra Angélico hizo lo que probablemente fuera su obra maestra: los frescos con los que pintó las celdas del Monasterio.
            Como no podía ser de otra manera, el fraile pintor sería llamado a Roma por los Papas Eugenio IV y Nicolás V, trabajando el fresco en diferentes estancias, algunas de las cuales, hoy ya han desaparecido, y formando en el proceso al que sería su sucesor, Bennozo Gozzoli, con el que trabajaría, por ejemplo, en la catedral de Orvieto. Como he dicho antes, moriría en 1455, convertido ya en un auténtico genio, como reconocería el gran estudioso del arte renacentista Giorgio Vasari en su célebre Vida de los mejores pintores, escultores y arquitectos.
            Todo el trabajo que conocemos de Fra Angélico tiene un trasfondo religioso (de ahí su nombre de “Angélico”, por su habilidad para pintar ángeles), y al contrario que su coetáneo, Fra Filippo Lippi, cuya obra estaba rodeada por el escándalo, el trabajo de Fra Angélico siempre ha estado marcado por la trasmisión de dos virtudes: la inocencia y la pureza. No hay pintor en la historia de la pintura que haya sabido reflejar esas virtudes como lo hizo el monje dominico de Fiesole, como podéis ver si estudiáis detenidamente la imagen que os he puesto… o mejor aún, si os acercáis al Prado y le echáis un ojo al original, que está en el Prado. Fra Angélico representa el puente entre los últimos años del arte gótico (lo podemos ver en su utilización de los dorados, por ejemplo), con los primeros maestros del Renacimiento, los florentinos Masaccio, Ghiberti o Donatello.
            Su Anunciación, que a mi me dejó completamente fascinado y que podéis ver arriba, es un pintura al temple sobre tabla que fue pintada hacia 1430 en el convento de Fiesole, donde Vasari la sitúa en su obra, y llegó a España tras ser vendida por los frailes a la familia Farnesio, que la regaló al Duque de Lerma, valido y mano derecha del rey Felipe III. Tras pasar por el convento dominico de San Pablo de Valladolid, la Anunciación se asentó por mucho tiempo ya en Madrid, en el Convento de las Descalzas Reales, hasta que en 1862, el esposo de la reina Isabel II, Francisco de Asís de Borbón, lo envió al Museo del Prado como donación real.
            El tema es simple: Fra Angélico hizo una representación del momento en el que el Arcángel Gabriel aparece ante la Virgen María para anunciarle (de ahí el nombre del cuadro) que porta al Hijo de Dios en su vientre. El fraile pintó, con un estilo que destila inocencia, la aceptación de la Virgen y la transmisión del Espíritu Santo, que se hará carne en Cristo, y que aparece como una paloma transportada por un rayo de luz que brota de una mano (la de Dios, claro), situada en la esquina superior izquierda de la tabla, rayo que cruza en diagonal la pintura, en dirección a la Virgen, señalando la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al mismo tiempo, para completar el cuadro, y con  ese estilo tan característico de la Edad Media en el que los símbolos son aún más importantes que la propia realidad, Fra Angélico representa el jardín de la casa de María como un Jardín del Edén, donde podemos ver la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, de manos de un ángel que, curiosamente, va igual vestido que aquel que anuncia a María la llegada del Hijo de Dios. De este modo, Fra Angélico, sobre una misma tabla, refleja la consecuencia del Pecado, la expulsión del Paraíso, con el origen de la Redención, la llegada al mundo de Cristo para redimir el Pecado de la humanidad.
            Bueno, no puedo decir mucho más, simplemente espero que, con estas líneas, a todos os hayan entrado unas ganas locas de ir a verlo en vivo, porque hay algo que está claro. Yo descubrí MI cuadro allí, incluso por casualidad, y estoy totalmente seguro que, si vais, encontraréis allí el vuestro.

4 comentarios:

Marlen dijo...

Me parecio muy acertado que hablaras de este pintor que desafortunadamente como lo mencionas no es tan conocido.Sobre el hago referencia en un capitulo de mi libro (por publicarse este verano)La ciencia como herramienta de transformacion social. En particular en el capitulo Individualismo Comunitarismo Arte y Artesania,cito un parrafo de la autobiografia de S.E.Luria y de las emociones despertadas cuando este famoso premio Nobel de Medicina(l969) lo vio por vez primera no en el Prado (donde yo tambien lo contemple),sino en Florencia. cito " Antes de que pudiese analizar los elementos de la pintura-La virgen adolescente, inclinada, llena de temor y respeto;el arcangel reverente, casi cortesano-fui invadido por una subita y espontanea emocion,como nunca me la habia producido antes una impresion visual.El efecto fue tan poderoso que casi equivalio a la perdidada de una virginidad estetica, una emocion lo bastante profunda para llenarme de temor y jubilo al mismo tiempo;como enamorarse a primera vista." Parte de este capitulo sobre Arte y Artesania lo puedes encontrar en nuestro Blog Fundacion Sesgo en Monterrey Mexico.Eduardo J. Garcia Flores.

Tomás Sendarrubias dijo...

Vaya, pues muchas gracias. Me hace mucha ilusion tener una opinion tan especializada.

¡Gracias!

Anónimo dijo...

Me ha ido muy bien este texto para hacer un trabajo! Muchas grácias!

Tomás Sendarrubias dijo...

Me alegro mucho. Tengo que ponerme a escribir algún post más de este tipo...