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jueves, 23 de enero de 2014

LA LADRONA DE LIBROS

                De vez en cuando, se ve que en el cine también ponen pelis de gente sin superpoderes. No es algo que apruebe, pero en fin, habrá que entenderlo. Como no sólo de superhéroes vive el hombre, este fin de semana nos hemos acercado a ver La Ladrona de Libros, película que sonaba bastante interesante y con varias cosas a favor, al menos en primera instancia.




                La película, basada en un libro homónimo del autor Markus Zusak, nos cuenta la historia de Liesel, una niña (interpretada por Sophie Nélisse), que es dejada en adopción por su madre con un matrimonio sin hijos de Munich (Emily Watson y Geoffrey Rush) en los días previos a la Segunda Guerra Mundial, ya con Hitler en el poder y arrancando las primeras persecuciones a las diversas minorías que el III Reich perseguiría con saña durante su dominio de Alemania. Liesel debe adaptarse a su nueva familia, a su nueva vida, y para ello, cuenta  con la ayuda de su vecino, un niño llamado Rudy (Nico Liersch) que desde el primer momento congenia con Liesel y se convierte en su principal punto de apoyo.
                Liesel llega a su nueva familia siendo analfabeta, y es su nuevo padre quien poco a poco consigue que aprenda a leer, y la joven queda de inmediato fascinada por el mundo de la literatura y sus múltiples posibilidades… pero el III Reich no dejaba demasiado lugar a los placeres intelectuales, y la época de Liesel es la de la Noche de los Cristales Rotos y la quema de libros. Y además, coincide con la persecución a los judíos, y su vida se complica bastante cuando llega a la casa Max, un judío, hijo de un viejo compañero del ejército del personaje de Geoffrey Rush, al que deben esconder.
                Con esta base, el director Brian Percival nos cuenta la historia de la II Guerra Mundial desde una perspectiva que no suele ser la habitual, la de los alemanes “de calle” que tuvieron que vivir el ascenso del Reich, y como tuvieron que enfrentarse al día a día y al miedo en el que se basó el gobierno de los nazis. La película tiene un buen ritmo, buenas interpretaciones…
                Y todo lo demás es un poco una gran hipérbole. Y es que incluso el resumen de la película es un poco engañoso. Se nos dice que Liesel se dedica a salvar libros de la quema… pero no es así exactamente. Podría haberse llamado de igual modo “La contadora de historias” o “La que lee a los enfermos”, o “La niña que corre”; y sería igual de cierto. Aún así, esto no llega a ser un punto negativo, como sí que lo es en mi opinión el uso del narrador que aparece de vez en cuando, demasiado simbólico y casi poético para lo que la película parece querer contar; y por otro lado, abusa de los germanismos… y al tiempo se queda corta. ¿A qué me refiero? Evidentemente, desde el principio de la película, sabemos que estamos en Alemania, con lo que lo natural es que todos los personajes hablen alemán. Sé que quizá suena a perogrullada, pero es que la película abusa de los términos alemanes en sus diálogos. Es decir, demasiados “Ja”, “Nein” o “Jawohl”, completamente innecesarios. Y por otro lado, cuando se pone este empeño “dialéctico” en dejar claro que estamos en Alemania… ¿por qué todos los textos aparecen en inglés? Me refiero a los textos de los libros, o a las palabras que Liesel apunta en las paredes del sótano para construir su propio diccionario…

                En fin, a lo mejor parecen tonterías (seguramente lo sean), pero reconozco que a mí me sacaron bastante de la peli.