No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

INTERSTELLAR

Cuando vi las preview y los trailers de Interstellar fue una sensación contradictoria lo que tuve. Por un lado, soy de los que opina que el trabajo de Christopher Nolan en la trilogía de Batman es legendario, y por otro no soy demasiado fan de Matthew McConaughey, que de hecho, me suele dar bastante dentera. ¿Qué iba a encontrarme cuando fuera a ver Interstellas? Por que lo cierto es que el argumento que se daba a conocer, si bien no es exactamente original, mola. O a mi me mola, que soy un catastrofista y me encanta ver como la Tierra se va al garete de mil formas diferentes.



Así que con dudas en el cuerpo, fuimos el viernes a ver la película, sin saber, por ejemplo, que duraba cerca de tres horas (¡sorpresa!). Y fue una decisión acertadísima, porque Interstellar es un PELICULÓN, así, con mayúsculas. En ella Nolan nos presente el mundo en un futuro tan familiar que por narices tiene que ser cercano, un mundo en el que el principal problema es el sostenimiento de la población mundial, en el que sobran ingenieros y faltan agricultores. La situación económica del mundo, así como las necesidades de seis mil millones de habitantes, han hecho que todo lo que no es imprescindible para la humanidad se deje de lado, y por imprescindible, entendemos todo lo que no está directamente orientado a producir comida. Y además, supongo que a raíz de cambios climáticos, deforestación, erosión, etc... todo el mundo sufre unas brutales tormentas de polvo, que además afecta a los pulmones de una humanidad cada vez más desprotegida debido a la recesión científica que vive. Y por si fuera poco, una plaga de origen desconocido ha ido eliminando las cosechas de trigo y otros cereales, dejando el maíz como elemento principal de alimentación. Este es el mundo en el que vive Cooper (Matthew McConaughey), un antiguo piloto reconvertido a granjero, con sus hijos, Tom (Timothee Chalamet/Casey Affleck) y Murph (McKenzie Foy/Jessica Chastain). El primero parece estar destinado a ser granjero, como su padre, pero Murph es harina de otro costal, y parece que va a convertirse en un genio de las ciencias. La situación se complica cuando las tormentas empeoran, y a través de un peculiar caso de poltergeist relacionado con la gravedad (suena complicado y raro, pero todo tiene sentido), Cooper y Murph descubren un viejo laboratorio de la NASA dirigido por el Profesor Brand (Michael Caine) y su hija Amelia (Anne Hathaway). Junto a ellos, Cooper descubre la verdas: la Tierra se ha convertido en un elemento inhabitable, el ser humano vive con tiempo prestado, y si no se consigue encontrar otro hogar, la raza humana morirá. Esa es la misión de las Misiones Lázaro que la NASA ha manejado en secreto en los últimos diez años, pero ha llegado la hora de recoger el fruto, y para ello, necesitan a Cooper al mando de la Estación Espacial Endurance para comprobar los asentamientos que los enviados de la NASA han tratado de establecer en una serie de planetas habitables de otra galaxia a la que es posible acceder por un misterioso agujero de gusano en las cercanías de Saturno. La cuestión adquiere otra profundidad cuando se descubre que existen unos misteriosos "Ellos", unas inteligencias que parecen estar ayudando a la humanidad a realizar ese camino, creando el Agujero de gusano... o dándole a Cooper las coordenadas donde debe encontrar a la NASA.

A partir de ahí, comienza una compleja historia, una carrera contra el tiempo, ya que el viaje en el que participan Cooper y Amelia Brand entre otros, debido a que viajará a velocidad supralumínica y se moverá alrededor de un gran agujero negro (Gargantúa) vivirá con tiempo modificado, de modo que unos pocos minutos pueden suponer años en la Tierra... y por lo tanto, la extinción de la especie humana. A través de un argumento básico de aventuras y exploración, Nolan incluye temas científicos y filosóficos, como las propias relaciones entre el espacio y el tiempo, y se mueve con acierto en un tema tan complejo como es el del propio tiempo en relación a la relatividad. Y lo hace con acierto y simplicidad, exponiendo complejas teorías de formas sencillas para que no supongan una carga hacia la película. Con una épica música de Hans Zimmer, actuaciones más que solventes de todo el reparto, y un espectacular manejo del ritmo narrativo, Interstellar nos narra la que puede ser la última gran aventura de la raza humana, y lo hace más allá de la épica, llevándolo al terreno de lo próximo y lo familiar. A Años Luz de distancia, vemos que hay situaciones que hacen a las personas estar más cerca que nunca.

Interstellar es densa sin asfixiar, larga, ambiciosa, equilibrada, dinámica, compleja, apabullante... Se le podrían aplicar muchos calificativos, predecible en algunos momentos, completamente sorprendente en algunos giros... Tiene todo lo que debe tener una película para ser una gran película... ¡incluso a pesar del Maconajiu!