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lunes, 6 de julio de 2015

MAGO: MANIFIESTO (II)

Después de averiguar de Ninemen que los experimentos que se habían realizado en Dachau por Alois Richter podían estar continuando en la base CFS de las fuerzas estadounidenses y canadienses en el Ártico, Eyes, Balam, Detector y Myrddin no tardaron en decidir que tenían que ver con sus propios ojos qué estaba pasando allí y descubrir cual era la relación de la vieja Fuente de las Torturas con la Tormenta del Avatar. Investigando sobre el centro CFS, descubrieron que allí había asignadas unas cuarenta personas, entre rangers de EE.UU y fuerzas especiales del ejército de Canadá, bajo el mando del Mayor Lucas Blaylock. La población más cercana, Erebus, estaba a mil kilómetros de la base CFS, que contaba con su propia zona de exclusión aérea. Detector consiguió una serie de fotos de satélite de la zona, lo que les permitió hacerse una idea de que parte del complejo debía ser subterráneo, pues en superficie, sólo se veía una pista de aterrizaje, unos barracones y un hangar, además de un domo geodésico rodeado de grandes antenas. Con los medios de Myrddin, consiguieron organizar un viaje a Erebus, con materiales para el viaje ártico, mientras Eyes y Balam se centraban en conseguir una excusa viable para la expedición. 

Tras un largo viaje desde San Francisco a Vancouver, y desde allí por otros tres aeropuertos hasta terminar en una pequeña avioneta, terminaron llegando a Erebus, donde se instalaron en un refugio, y pudieron reconocer la zona. Efectivamente, el "aeropuerto" de Erebus funcionaba como enlace entre el CFS y el resto del mundo, allí iban semanalmente a por víveres los hombres de la estación, y desde allí llegaban y se iban los reemplazos. En el bar de la población, encontraron a un trío de soldados que dejaban CFS para volver a sus hogares, y Eyes consiguió "enredarles" a base de alcohol y feromonas para poder extraerles información sobre CFS, incluso llegando a llevarse de la habitación de uno de ellos uno de los uniformes de la base para que a través de Materia, Detector pudiera copiarlos. Después de ello, finalmente, se dirigieron hacia el CFS, en un largo viaje de diez días, hasta que llegaron al perímetro vigilado de la estación. Allí, Myrddin volvió indetectables sus vehiculos, haciéndolos invisibles y disipando el calor que despedían, hasta encontrarse con una barrera de Fuerzas y Correspondencia que protegía la estación. Con extremo cuidado, los cuatro magos consiguieron acercarse a la base CFS, y una vez allí, Eyes utilizó sus poderes de Vida para obligar a varios de los guardias a dormir, aunque cuando Detector y Myrddin no estaban pendientes, Balam acabó con ellos para que no dieran problemas. Sin embargo, mientras trataban de esconder los cadáveres acabaron llamando la atención de otros guardias, lo que llevó a que Balam terminara disparando por la espalda a un soldado que iba a dar la alarma, mientras Eyes le convertía en nieve para que sus compañeros no pudieran encontrarle. En el caos generado, consiguieron llegar hasta la cúpula geodésica donde estaba la central de escuchas del CFS y el ascensor que descendia al segundo nivel. Allí se enfrentaron a Lucas Blaylock, acabando Detector con su vida. La imposibilidad de conseguir el código de acceso al primer nivel les llevó a decidir destruir el ascensor y descender por los cables, después de atar a los técnicos que trabajaban en el domo. 

En el primer nivel subterráneo, descubrieron que el CFS estaba formado por una colonia biotecnológica, millones de constructos diminutos que podían hacer y deshacer salas, paredes y habitaciones. Encontraron una armería y la sala de control, y allí Detector consiguió reactivar las cámaras de vigilancia, descubriendo un equipo de militares que se disponía a asaltarles. Dirigidos por el segundo del complejo, los HIT Mark tecnocráticos del CFS se preparaban para atacarles cuando Balam les disparó con un lanzacohetes, aunque Grant Howe, convertido en líder de la base por la muerte de Blaylock, detuvo su ataque con Tiempo. Los magos resistieron el ataque desde la sala de vigilancia, pero finalmente se retiraron por una de las escaleras de emergencia y saliendo al exterior, donde el grueso de las fuerzas del CFS tomaban la Cúpula Geodésica. Aprovechando el caos, huyeron de la zona, tomando dos motos de nieve, y alejándose de allí a toda prisa... hasta que algo pasó tras ellos. Una explosión de Tormenta de Avatar les alcanzó, y aunque Balam utilizó magia de Espíritu para protegerles de lo peor, resultaron heridos. Movidos por la curiosidad, volvieron al CFS, donde Balam detectaba extrañas señales de vida. 

Con la base desierta, descendieron de nuevo al Nivel 1, y de allí, al 2. En este nivel, la nanotecnología había mutado de una extraña forma, fusionando Materia y Espíritu, lo que permitía a los magos, presentes en la cueva, ver el exterior, las imágenes de la Umbra, y la Estrella Roja brillando sobre ellos en el Polo Norte. Extraños rostros aparecían y desaparecían en las paredes, se escuchaban las voces de los gritos de la Tormenta de Avatar, y también unos gritos ahogados procedentes de una estancia que permanecía "normal" en el centro de la caverna. Detector trató de cambiar la composición de la pared para ver el interior,  y los nanites se apartaron, dejándoles ver a una extraña criatura, en parte alienígena y en parte angelical, que torturaba ni más ni menos que al propio doctor Alois Richter, que al parecer debía haber seguido con los experimentos que había realizado en Dachau en el CFS. La extraña criatura disipó las paredes, y demostró su control sobre la Tormenta del Avatar, mientras se presentaba como Peter Wu, y también como Anakim. Al parecer, habia sido uno de los trabajadores de CFS hasta que Alois Richter había decidido experimentar con él, y ahora... se había convertido en algo más. Detector y Myrddin recordaban, efectivamente, viejos mitos sobre los Anakim, los Guías de Almas de tiempos pretéritos, pero sus historias eran mucho menos siniestras que aquella criatura que tenían frente a ellos. Wu les avisó de que los Anakim se acercaban, y necesitarían recipientes... como ellos. Con sus avatares rechazando de lleno a aquella criatura, Detector, Myrddin, Eyes y Balam decidieron no aceptar el pacto que el Anakim les ofrecía. Mientras Balam se teleportaba al exterior, Detector, Myrddin y Eyes consiguieron hacerse con el control de la nanotecnología del CFS, consiguiendo salir al exterior, evitando los ataques del Anakim. 

Una vez fuera, Balam descubrió helicópteros de la Tecnocracia que se acercaban, y escaparon del CFS, huyendo en un largo viaje de vuelta a Erebus. Tras ellos, parecía que la Tecnocracia había conseguido destruir al Anakim, pero ellos habían despertado nuevos enigmas. Había unas criaturas ahí fuera que podían controlar la Tormenta del Avatar, unas Psicoguías capaces de llevar a la humanidad al Despertar... y que parecían estar completamente locas...

PD

En algún punto de Turquía, el Lugar Perdido de Arx Karagoz. 

Alia cruzó las puertas del templo secreto, y se arrodilló antes de alcanzar al Sha´ir Negro, el líder de los Batini, que estaba de pie ante ella, oculto el rostro tras su máscara. Tras la Sutil, habían entrado dos hombres en la sala, dos Euthanatos con cuchillos dorados en su cintura, los miembros del Caliz Dorado. 

-Estos hombres dicen que su misión ha concluido-dijo Alia, y el Sha´ir Negro, Frater Iago, asintió con la cabeza-, Dicen que todos los miembros de la Casa de los Jenízaros han desaparecido. Que todos han muerto. 

-Todos menos uno-respondió Iago, y los hombres se miraron entre ellos, nerviosos. Alia asintió.

-¿Deseáis que vuelvan a atacarle?-dijo ella-. Ese hombre es el último vástago de los Ksirafai, y vos... 

-Sé lo que decreté, Alia, pero también conozco las leyes del Caliz, y aquel que sobrevive a sus puñales, no puede ser de nuevo objetivo de ellos-responde Frater Iago-. No, que viva. El Grimorio Oculto de Heylel pronto se revelará, y... el corazón me dice que el último de los Jenízaros tendrá un papel que cumplir. 

Alia asintió, y salió de la sala junto a los dos asesinos del Caliz Dorado. Iago permaneció de pie, y se quitó la máscara, mirándola con el ceño fruncido. 

-¿Quién iba a imaginar que el último de los Jenízaros... el último de los Ksirafai... estuviera destinado a llevar la Máscara de Iago?