No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

viernes, 3 de febrero de 2012

IVO: LA MALDAD DE LOS QUE MANDAN Y DE LOS QUE OBEDECEN

Hoy, en el Iconocronos, hablamos con palabras mayores. Y no sólo porque Ivo mide cerca de dos metros, sino porque no es una persona a la que vayáis a encontraros normalmente por los blogs o los foros de Internet, y es un auténtico honor el que haya decidido participar en la celebración del Iconocronos. Así que hoy, celebración doble... casi triple, porque encuadrado dentro del Aniversario del Iconocronos, celebramos tener aquí a Ivo, y es un honor que este sea el post número 300, y que sean sus palabras las que lo llenen. Conocí a Ivo hace ya muchos años (tantos que caen en el tiempo de la nebulosa, esos años nunca bien medidos ni marcados que envuelven el tiempo que pasamos en la Facultad), como compañero de clase en la Facultad de Historia, y luego, como amigo y parte de aquel proyecto de tres locos que fue la Revista de Creación Cuarto Creciente (si el tiempo se lo permite, el tercero en discordia, Álvaro, también aparecerá por aquí). Si hay algo que define a Ivo es su carisma natural, y la pasión con la que defiende y transmite aquello en lo que cree. Lo genial de ser su amigo es que a pesar de que nuestras opiniones sobre muchas cosas pueden ser muy distintas, creo que no hay nadie mejor para tomar una cerveza o dos a las cuatro de la mañana cuando todo el mundo se acuesta. Y además, estoy aún más en deuda por él por hacer feliz a una de mis más grandes amigas. ¿Se puede pedir más? Yo creo que no. Ivo ha decidido colaborar en el Iconocronos con un relato de ficción muy en su estilo, podéis leerlo, y luego volverlo a leer. Parece que dice mucho, pero la realidad es que dice aún más de lo que parece, como en todo lo que escribe. Espero que lo disfrutéis. Y tío, Ivo, muchas muchas muchas gracias.


La maldad de los que mandan y de los que obedecen


El título en realidad no es mío, me lo ha dado un labrador más de dos siglos después de pronunciado. El 24 de diciembre de 1809 el general Galluzo se retiraba de Almaraz dejando a las tropas de Napoleón el puente sobre el Tajo y el paso a Extremadura libre. Lo cierto es que el general huía como colofón a un despropósito militar de varios días. El ejército a sus órdenes se dispersó y los desertores se entregaron al saqueo de los pueblos por los que pasaron. Es en este contexto en el que nuestro labrador se quejó de forma tan acusatoria como desesperanzada de la doble maldad que padecía, la de los que mandaban y la de los que obedecían.



Situación A: aplaudid, aplaudid, benditos



Hará unos meses en Bruselas alguien de entre los asistentes a una rueda de prensa habló en voz baja. Un responsable del BCE, tal vez el responsable del BCE, sin mover una ceja más alta que la otra, largaba palabrería litúrgica mil veces dicha. Una periodista —cuarenta y tantos, bien vestida, corresponsal, respetada en la profesión— se incomodó y reprochó con la mirada a quien le había distraído.



“Son como el soviet supremo un mes antes de la desaparición de la URSS”, es el susurro que le había descentrado. Sin embargo, por una razón muy lógica —periodista respetada, estatus social, estatus económico, cuarto poder (uno, dos, tres y cuatro)—, su principal preocupación no fue el significado de aquel directo a la mandíbula, sino el no haber escuchado el penúltimo eufemismo de los grandes mandarines del BCE.



Disculpen que no tenga el día original. Esta anécdota (menos la contextualización) tampoco es mía. La leí en la edición en castellano de Le monde diplomatique de diciembre. Creo que es una buena forma de introducir el tema, cómo las salmodias cumplen su misión. Así, unos hacen lo que se espera de ellos para los que ganan; ambos son los que mandan. Pierde el resto, la mayoría; obedientes en su mayor parte. Incluso aplauden.



Un tipo griego hizo un cálculo político. Teniendo en cuenta su historial y el de su partido, no cabe pensar que su primer motivo fueran justas convicciones, sino el obtener un beneficio político (poder). Aunque fuera esa la prioridad, muchos entendieron que del cálculo se derivaba un bien general. Papandreu afirmó que sometería a referéndum el plan de rescate económico que le impuso Europa a Grecia. Los líderes del mundo libre se hicieron de cruces. Aullaron (menos mal que Grecia forma parte de la OTAN).



Pocos días después Papandreu abandonaba. Su huída era la prueba de que pensaba más en el poder de los que mandan que en el de los griegos. En su lugar, el mundo libre puso a un tecnócrata. El tecnócrata formó un gobierno de coalición, de unidad (según quién), de concentración (según quién), de crisis, etcétera, etcétera, etcétera. Absurdo hablar de gobierno en un protectorado. El tecnócrata incluyó en su gabinete a un partido de extrema derecha. Ni aullidos ni cruces.



Los aplausos de la mayoría obediente europea aún se oyen. ¡Un tecnócrata, alguien independiente, fuera puercos políticos! En Grecia el independiente trabajó en el BCE, el de Italia en Goldman Sachs cuando ayudó a falsear las cuentas griegas. Supongo que es el tipo de independencia que soñaba la OAS para Argelia. Aunque sea especulación, es probable que si hubieran tenido el decoro de someterlos a votación, los tecnócratas hubieran vencido. ¡Aplaudid, aplaudid, benditos!



La capacidad de empatizar con las prioridades de los que ganan es atávica. Sobre todo si hay quien te anima. Véase: los sueldos. Quien más, quien menos, está convencido de que la economía alemana crece algo gracias a que los trabajadores han sacrificado sus sueldos alentando las exportaciones. En realidad, el nivel de las exportaciones depende de la potencia de la demanda de las economías emergentes. Lo de los sueldos sirve para que crezca la desigualdad entre las rentas.



Hay otros dogmas de fe, como que el dinero que pasa de lo público a lo privado se convierte en inversión, en vez de en dividendos. Que la flexibilidad laboral aumenta el número de puestos de trabajo, en lugar de cuartear un trabajo digno en infinidad de porquerías de contratos. Por momentos parece que hay problemas con la experiencia, que los que mandan están regañados con el método empírico. Se diría que actúan movidos por la fe.



En realidad, no, trabajan como se espera de ellos para quien saca algo en claro (riqueza) de este marasmo. La fe nos la reservan a nosotros, y en los púlpitos actuales (en papel, en pantalla de plasma, en las ondas, en la red) nos persuaden de que debe hacerse lo que se hace —a despecho de la experiencia— y que debemos aplaudir nuestro sacrificio. Jodidos, pero benditos.



Aún hay un paso más allá. Si estupefacto susurras en mitad del blablabla de los mandarines, recibirás miradas reprobatorias. O sacarán de paseo los espantajos habituales: el gulag, la democracia, la constitución, la libertad individual, el consenso, el bienestar... Si alguna vez significaron algo, hoy solo son coartadas. No es precisamente nuevo lo de que un sistema sirva para servir a los que ganan con él.



Esta representación corrupta de las cosas —lo que es y lo que dicen que es; quien en teoría manda y gana, y quien en realidad manda y gana…— cala de arriba hasta los estratos más ínfimos de la cotidianidad. Tampoco puede decirse que sea novedoso.



Situación A’: el Ministerio de Marina boliviano



El año que nació Mateo nevó bastante y el Atleti volvió a ser campeón. A los pocos días de nacer, en un periódico de provincias apareció una carta abierta a una jueza. En ella los firmantes criticaban una sentencia suya. Dicen en los mentideros de la capital de provincia que la señora jueza pidió a la fiscalía la cabeza de los firmantes. Ella no hizo denuncia alguna.



El mes de julio de aquel año fue muy caluroso; Mateo era un bebé sonriente. Los fines de semana lo solían llevar a la tierra adentro para escapar del calor y dormía hasta tarde. Se diría que el aire de la montaña le daba sueño. La carta culpable hablaba de aquel lugar de montes pelados y pinos, chopos en los ríos y arcillas rojas cientos de años roturadas.



Ya antes de aquel verano habían llamado a declarar a los firmantes a la fiscalía de la capital de provincia. Habían solicitado hacerlo en el lugar donde trabajaban y vivían, algo que se permite hasta el último violador en serie y asesino cuando lo piden. Escribir es mucho más grave. El fiscal les dijo que lo que habían firmado se podía decir en Madrid o en Barcelona, pero no en una capital de provincia como aquella. En Corea del Norte debe ser peor.



Como los delitos de opinión se supone que dejaron de existir hace años, les acusaba de injurias o calumnias. Injuriar, por entendernos, es insultar. Calumniar, acusar de un delito a una persona sabiendo que no lo ha cometido. Solo había que leer la carta culpable para ver que no había ni lo uno ni lo otro. Los firmantes pasaron a ser imputados.



Mateo empezó a andar poco antes de su primer cumpleaños. Labordeta murió y no fue un año de muchas nieves. Aquella temporada no fue buena para el Atleti. Empezó la instrucción del delito de opinión, de la carta culpable de criticar.



Los procuradores de la capital de provincia afirmaron que se negaban a trabajar para aquella defensa si no les obligaba la jueza instructora. Los procuradores trabajan en todos los casos, ya sea el imputado por terrorismo o cualquier delito repugnante… Escribir sobre una sentencia judicial seguía siendo mucho peor. La jueza no les obligó. Ellos obedientes. Es legal, pero al límite de la indefensión.



La jueza se postuló en mitad de la instrucción a la Audiencia Nacional. Seguramente no habría sido una buena elección. Consideraba “impertinente” que la supuesta injuriada declarase. Salvo en los asesinatos en los que la víctima está muerta, los supuestos agraviados siempre declaran. No en esta instrucción.



Poco antes del verano supimos que Mateo tendría una hermana, Martina. A un julio fresco siguió un agosto y septiembre muy calurosos. El Atleti, irregular. La instrucción concluyó y por supuesto los firmantes pasaron a ser acusados. En el auto, incluso entrecomillaron una frase que no habían escrito en la carta culpable como si lo hubieran hecho. Por menos los van a juzgar. Seguramente cuando nazca Martina serán condenados.



En un programa de humor estadounidense decían que en España hay Ministerio de Justicia como en Bolivia hay Ministerio de Marina. Por si acaso: en Bolivia no hay mar.



Hipótesis B: A = A / B = B / AB



Dicen que la justicia es igual para todos. Dicen que la igualdad de oportunidades. Es representación, ya sea en una capital de provincia con un poder más bien aparente, de pequeñas castas, o en el BCE con un poder real, en el núcleo del sistema. Por eso, incluso en el fondo sofocado de la conciencia de la mayoría obediente, se sabe que las cosas no son lo que dicen. Aunque la credibilidad escasea, menudea la sumisión.



March Bloch, el gran historiador del feudalismo que formó parte de la Resistencia francesa y fue asesinado por los nazis, actuó movido por sus convicciones morales y porque entendía necesario divulgar en aquella situación el axioma de la lógica clásica: A es igual a A, B es igual a B, A no es igual a B.



Es ilusorio tener aspiraciones de lo que suele pensarse que es un futuro mejor en ninguna de las versiones de la representación A. Hoy por hoy la credibilidad, venga de dentro de A, o no, pasa por acabar con ella: A es igual a A, B es igual a B, A no es igual a B. No es tiempo para benditos.



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“Yo no pienso salir de casa, pues hai más peligro fuera con tanto desertor: hoy no he querido que vayan á arar las mulas, porque no se las lleven, como ayer tuvo que salir el de las postas por dos que se llevaban de su padre: no hai nada seguro con ellos de burros, reses, y quanto encuentran, vendiendo aquí muchas cosas que roban por donde pasan: Dios nos socorra, como puede, porque está visto la maldad de los que mandan y de los que obedecen.”



Ivo Aragón


2 comentarios:

Tomás Sendarrubias dijo...

Sobre el post que ha aportado Ivo no puedo decir nada más que "plas, plas, plas" y "Da". Y bueno, darle la enhorabuena pública, a él y a su mujer por el feliz acontecimiento de estos dias. ¡Enhorabuena por todo!

Anónimo dijo...

Muy bueno el post, Ivo. Yo te añado una frase de Martin Luther King en la misma línea: "Cuando analicemos las grandes barbaries del siglo XX, nos daremos cuenta de que no son tan terribles las crueldades de los malvados como la indiferencia de la gente buena".

Álvaro