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martes, 10 de julio de 2012

X-MEN: LOS PRIMEROS TIEMPOS DE JOHN ROMITA JUNIOR


                La boda de Scott y Madelyne, además de un momento histórico para la Patrulla-X, como ya comentamos anteriormente, supuso la despedida de la colección regular de Paul Smith, y la llegada del que sería el dibujante más señero de X-Men durante los años 80. John Romita Junior (el legendario JR Jr), un artista que hoy es uno de los más conocidos de Marvel, pero que por aquellos tiempos estaba empezando su carrera, a la sombra de su padre, el John Romita Senior que tantos buenos momentos de Spiderman había dibujado. Y para empezar, Romita se acerca a los personajes a través de uno de esos números tan particulares de Claremont, esos interludios entre sagas que el guionista aprovechaba para profundizar en sus personajes, en este caso aprovechando como trasfondo el inicio de la Luna de Miel de Scott y Madelyne. Pero la paz durará poco, y la Patrulla-X tendría que hacer frente a una vieja amenaza: Mística y la Hermandad de Mutantes Diabólicos, dispuestos a recuperar a Pícara a toda costa. Claremont aprovecha así para poner frente a frente a Pícara y Mística y ahondar en lo que era todavía una herida abierta para ambas, al tiempo que lanza nuevos “disparos” sobre la relación entre Mística y Rondador, sin aclarar aún nada al respecto. Con la nueva ley de Registro Mutante en marcha, impulsada por personajes nuevos (la Doctora Valerie Cooper) y no tan nuevos (Henry Peter Gyrich) y con Mística en su identidad de Raven Darkholme sembrando cizaña entre unos y otros, la Patrulla tiene que enfrentarse a la Hermandad, quedando Coloso malherido y al borde de la muerte, y desapareciendo Kitty en la aventura, lo que llevará a los personajes a los túneles de los Morlocks, pues allí lleva el rastro de la joven mutante desaparecida. Y es que Kitty aún tenía cuentas pendientes con los Morlocks, especialmente con Calibán, con quien había prometido quedarse cuando el rastreador de mutantes ayudó a la Patrulla-X en su primer encuentro entre estos y los seguidores de Calisto. Finalmente, la presencia de Tormenta y la renuncia de Calibán permitieron a Kitty regresar al exterior, y además, Curandero de los Morlocks consiguió curar las heridas de Coloso. Kitty Pryde había hecho el mayor sacrificio por la persona a la que amaba, había estado a punto de apartarse de todo y de todos a los que quería para entregarse a los Morlocks. Coloso pronto demostraría no estar a la altura de las circunstancias.




                Y es que a esta altura de la Patrulla-X, las tramas de la colección comenzaban a mezclarse con las que se desarrollaban en su serie hermana, Los Nuevos Mutantes. Doug Ramsey, amigo de Kitty y relacionado con esa serie, recibiría una oferta de la Academia de Massachussetts, y Kitty se decidiría a acompañarle, encontrándose con que la Reina Blanca volvía a estar en activo. Pero la Patrulla no podría ayudarla, pues comenzaría el mayor evento que Marvel había planificado nunca: Secret Wars. El gran capricho editorial de Jim Shooter implicó, como no podía ser de otra manera, a los personajes de la Patrulla-X, que se verían arrastrados junto a otros muchos héroes al mundo creado por el Todopoderoso para enfrentar a héroes y villanos. No voy a profundizar mucho aquí en las Secret Wars, pero a nivel de los mutantes, podemos destacar varias cosas: los conflictos de liderazgo entre Xavier y Tormenta, el acercamiento entre Magneto y los X-Men, y la trágica historia de amor entre Coloso y Szaji, una alienígena del mundo del Todopoderoso que moriría poco antes de que finalmente los héroes pudieran regresar a la Tierra. Mientras Cíclope volvía junto a Madelyne, el resto de los Hombres-X aparecían en Japón, donde tenían que hacer frente a una dragona enamorada de Lockheed, y sin solución de continuidad, nos encontraríamos con Claremont buceando en los problemas psicológicos que para Pícara iba a traer su viejo ataque a Carol Danvers, al mezclarse ambas personalidades y recuerdos, lo que llevó a Pícara a atacar un Helitransporte para salvar a un viejo amigo de Carol, el agente Tom Rossi, haciendo que empeorase aún más la imagen de los X-Men, en plena génesis del Acta de Registro.




                Con todo esto, Claremont también tendría tiempo que dedicar a la relación entre Coloso y Kitty, a como enfoca cada uno de ellos la relación del primero con Szaji, y a como Rondador y Lobezno tratan de hacerle entender el daño que ha hecho a la joven, acabando la lección en una curiosa pelea de bar entre el mutante acorazado y Juggernaut, en uno de los comics con un trabajo de dibujo más espectacular de aquel Romita Jr. En estos tiempos, además, Claremont y Romita retomarían en la colección a dos personajes de armas tomar y que tendrían mucha importancia en la evolución de la Patrulla-X en particular y el universo mutante en general. La primera sería Rachel Summers, la joven pelirroja a la que Claremont y Byrne habían creado en la mítica Días del Futuro Pasado y que había lanzado al pasado la mente de la adulta Kate Rasputin para evitar la muerte del Senador Kelly, y que ha llegado al presente sin saber muy bien como y con unos recuerdos un tanto confusos sobre el mundo en el que se encuentra.  Y la otra, sería la bruja Selene, que ya había sido presentada en la colección Nuevos Mutantes, durante la saga de Nueva Roma, que llega a los X-Men persiguiendo a Rachel. La intervención de la Patrulla-X evitó que Selene pudiera dominar a Rachel, que se convertiría en la nuevo integrante del equipo, aunque tardaría en obtener protagonismo, pues pronto la colección se centraría en Pícara y Tormenta. Conoceríamos entonces a Forja, nativo americano, mutante y creador que trabaja para el gobierno de Estados Unidos y que ha creado un arma capaz de anular los poderes de cualquier mutante, inspirándose para ello en las armas del Caballero Galáctico Rom, ya que en aquellos momentos, todo el universo Marvel se encontraba en guerra con los Fantasmas, los enemigos de Rom. Valerie Cooper, sin embargo, traicionaría la confianza de Forja, entregando el arma al ejército, que marcaría a Pícara como su objetivo, pero en el conflicto, sería Tormenta quien perdiera los poderes.



                Esto daría paso a Muerte Viva, con lápices del detallista y fantástico Barry Windsor-Smith, más acostumbrado a las historias de Conan que a los comics de superhéroes, historia en la que Claremont explora la personalidad de Tormenta y su relación con Forja, que trata de compensar el hecho de haber creado el arma que ha cambiado a Tormenta, al parecer para siempre. Y es que para Ororo, sus poderes sobre el clima eran más que simples poderes, eran parte de ella. Aunque Muerte Viva se centra sobre todo en Tormenta, la historia continúa imbricándose en la lucha entre los humanos y los Fantasmas, y pronto la Patrulla-X, incluyendo a Tormenta sin poderes, tendrán que hacer frente al ataque de estas criaturas de magia alienígena, abandonando Ororo a Forja en una historia que obviamente, aún tiene mucho que decir.
                En resumen, tenemos una etapa entre manos en la que Claremont se alejó de las grandes epopeyas (dando golpes de genio para relacionar su obra con el resto del Universo Marvel) y se centró en la evolución de los personajes, en especial de las mujeres de carácter que tanto disfrutaba escribiendo. Pícara, y sobre todo Tormenta, fueron las agasajadas con la atención del guionista, que contó para contar sus historias con un John Romita Junior que estaba empezando a labrarse un estilo, en aquellos entonces bastante más sucio de lo que ahora estamos acostumbrados a ver, pero que tenía ya algunos de los rasgos que hoy definen su dibujo y que es bastante divertido ver, aunque desde mi punto de vista, le faltaba mucho todavía para ser el genio en el que luego se convertiría.