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domingo, 22 de noviembre de 2015

RAVENLOFT: FIESTA DE GOBLYNS (II)

Recién llegados a Skald, los personajes comenzaron a buscar alojamiento para esperar la llegada de Akriel a la Gran Posada Kartakana, la gran construcción que se erguía en una isla bajo las cascadas que formaban en Sonsonete. Consiguieron encontrar una alternativa económica a la gran construcción, pero Lady Sombra decidió dirigirse directamente a la posada y tomar allí una habitación por su cuenta. Mientras ella disfrutaba del lujo de la Gran Posada Kartakana, descubriendo un extraño puente que parecía unir la posada con el interior de las cataratas. sus compañeros recorrieron la ciudad, y exploraron las ruinas de la vieja fortaleza, que había sido la residencia del Meistersinger de Skald y que ahora estaban completamente abandonadas. Finalmente, Akriel se reunió con ellos en una de las salas privadas de la Gran Posada Kartakana, una sala que mostraba rastros de una vieja pelea, con marcas de garras en algunos lugares de los muebles. Ignorando esas señales, Akriel les contó que finalmente había podido encontrar el rastro de la Corona de Almádenas. Al parecer, las noticias que la joven tenía, situaban la Corona en "el cañón donde yacen los huesos", al este de Armonía, casi en la frontera entre el dominio de Kartakass y el dominio de Bluetspur. Akriel les pagó la cuarta parte de su recompensa, tal y como había prometido (dinero que Balduin aprovechó para hacerse con un escudo mágico que pintó con el símbolo de Clanggedon), Finalmente, partieron de Skald en dirección a Armonía, y desde allí, hacia el Este, hacia el supuesto paradero de la Corona de Almádenas. 



Unos días después, comenzaron a adentrarse en unas tierras extrañas, como cocidas por el sol, un cañón que se adentraba en unas ásperas colinas, y donde aquí y allá podían verse cráneos clavados en estacas. Un sonido retumbante llenaba el cañón, y cuervos gigantes volaban sobre ellos. Finalmente, la aparición de un grupo de esqueletos reanimados, les hizo decidir que iban por buen camino, así que tras destruirlos, se adentraron en el cañón. Una vez allí, tres caminos se abrían ante ellos, y se dirigieron al oeste, donde un árbol que parecía ser lo único vivo, se erguía. Sorprendidos, vieron que el árbol era lo que producía el sonido que retumbaba en todo el cañón, pero en ese momento, la tensión hizo que Lady Sombra atacara a los cuervos, y una bandada de ellos descendió, tratando de picotearles y desgarrarles. La sorpresa fue cuando una trampilla se abrió bajo el árbol, e hizo su aparición un grupo de ocho criaturas humanoides, armadas con arcos y espadas largas, que se apresuraron a atacar a los recién llegados. Con Balduin tratando de proteger lo más posible a Bastian, y utilizando varios hechizos de protección, consiguieron imponerse a los cuervos y las criaturas. El árbol se silenció, y aunque se plantearon destruirlo, desistieron y exploraron el segundo de los caminos, una angosta garganta, al fondo de la cual parecía verse lo que era una gigantesca caja torácica dentro de la que había gente. Sombra escaló para tratar de obtener perspectiva de la garganta, pero aunque descubrió la presencia de unas criaturas en lo alto de la caja, Sombra atrajo la atención de uno de los guardianes del cañón, un gigantesco esqueleto montado un lagarto no menos monumental, que se apresuró a atacarle. Sombra lo evitó y bajó del promontorio, mientras Balduin y Ronna trepaban para hacer frente a la criatura. Mientras el paladín y la guerrera trataban de contenerlo, Bastian y Sombra le atacaban desde abajo. Los ataques del esqueleto gigante y el lagarto hirieron de gravedad a Ronna, que tuvo que ser curada por Balduin, y aunque destruyeron la montura, finalmente el esqueleto se lanzó por el terraplén para atacar a Bastian. Balduin saltó  sobre el gigante, derribándole, pero no pudo evitar que uno de sus lances alcanzara plenamente a Bastian, hiriéndole de muerte. Balduin tuvo que curarle, y serían finalmente las flechas de Ronna y Sombra, dirigidas al cráneo del monstruo quienes lo tumbarían.

Extenuados y malheridos, se plantearon escapar de allí, pero Sombra y Balduin insistieron: allí había gente, quizá inocente, y quizá heridos. Con Bastian y Ronna dándoles cobertura, la ladrona y el paladín se acercaron a la caja torácica, descubriendo que efectivamente, en su interior había gente, algunos muertos y en diversos estados de putrefacción. Sombra se dio cuenta de que les avisaban de que no se acercaran, no les pedían ayuda, y Bastian descubrió un hechizo de silencio sobre el área. Sombra y Balduin evitaron la emboscada de un grupo de criaturas (los goblyns), y les mataron antes de finalmente, enfrentarse a los carceleros de aquellos encerrados en la caja torácica, un grupo de zombies que consiguió herir a Balduin, y dos zombies yuyu, uno de los cuales consiguió alcanzar a Sombra con sus lanzas. Finalmente, el paladín consiguió destruir a los dos zombies yuyu, reduciendo a polvo al resto de los zombies, y Sombra y Balduin ayudaron finalmente salir de su prisión a unas quince personas que estaban prisioneras. Los cuatro aventureros ayudaron a los prisioneros, orientándoles hacia Armonía y cediéndoles el carro y algunas de sus provisiones, y finalmente, decidieron que necesitaban descansar y recuperarse antes de seguir explorando el cañón. Después de buscar un lugar seguro, decidieron encerrarse en el foso del que habían aparecido los primeros goblyns, bajo el roble. De la conversación con los prisioneros, descubrieron que aquellos eran los prisioneros de una tal Radaga, señora de los Muertos...