No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

jueves, 7 de abril de 2011

CAZADOR: LA VENGANZA Y MOMIA: LA RESURRECCIÓN

Como ya hemos visto en semanas anteriores, la primera generación de juegos de White Wolf fue la formada por Vampiro, Hombre Lobo, Mago, Wraith y Changeling, y Estirpe de Oriente precedió lo que sería la segunda generación, formada por dos libros de los que hablaré hoy de forma conjunta, ya que prácticamente lo hago de oídas, ya que jugar a uno de ellos va contra mis principios (ahora lo entenderéis) y el otro… pues simplemente no he tenido ocasión de dirigirlo ni de jugarlo, aunque en su día leí ambos manuales. Se trata de Cazador: La Venganza y Momia: La Resurrección.

            Y sí, como podéis suponer, el juego al que me niego a jugar es el primero, Cazador. ¿Qué es eso de ir cazando vampiros como si fueran corderos? Nada, nada, que no. Me opongo.
            Realmente, Cazador arranca directamente del final de Wraith, ya que todo comienza cuando el Inframundo estalla en pedazos y diferentes portales se abren de forma espontánea a nuestro mundo. Por esos portales se introducen en nuestro mundo centenares de criaturas, espíritus y fragmentos de espíritus que se apoderan en muchos casos de cadáveres recién muertos, como una especie de zombies (aunque sin andar como zombies y sin comer cerebros, ya que se mezclan perfectamente entre los humanos). Al mismo tiempo que esto ocurre, diversos humanos comienzan a adquirir extraños poderes que les permiten distinguir a estos no-muertos del resto de la humanidad, así como hacerles daño o defenderse de ellos. Como una cosa lleva a la otra, pronto estos Cazadores se encuentran enfrentándose no sólo a esos zombies de diseño, sino a Vampiros, Hombres Lobo, Magos, etc. Al igual que en otros juegos, los Cazadores tienen diferentes poderes, y diferentes tendencias, desde los más violentos, que buscan su destrucción, a los más pacifistas, que buscan la redención de estas criaturas.

            Mientras tanto, en Momia: La Resurrección, descubrimos que parte de los espíritus que escapan o se ven arrastrados del Inframundo son los de las antiguas y poderosas momias, elegidas de Osiris, que consigue detener la gran tormenta provocada por la destrucción de Estigia, evitando así que la gran tormenta arrase el Amenti (el mundo de los muertos para la mitología egipcia). Pero aún así, muchas de las momias que habían servido al Señor de los Muertos, se vieron arrastradas por la tormenta, con sus espíritus rotos en pedazos. Esos fragmentos de espíritus, se vincularon con las almas de humanos moribundos, rotos, desesperados… apareciendo así una nueva generación de Momias, cuya misión es luchar contra la Corrupción representada por el dios Apofis y sus seguidores, muchos de ellos, Cainitas del Clan de los Seguidores de Set.
            Al igual que en el resto de los juegos, el jugador puede elegir entre diferentes tipos de momias: los Kher-Minu, artesanos y hechiceros; los Khri-Khabi, Portadores de Pergaminos, especialistas en magia escrita; los Mesektet, capaces de dominar el cielo y la tormenta; los Sakhmu, especialistas en el contacto con los reinos espirituales; los Sefekhi, guerreros desatados y salvaje; y los Udja-sen, los Desgarrados, solitarios y reticentes.
            Tanto Cazador como Momia formaron parte de la dinámica que White Wolf mantuvo en los último años, creando grupo de módulos, agrupándolos por temáticas relacionadas. Así, Cazador, vio la luz dentro de El Año de la Venganza, en el que los diferentes suplementos que salieron de todos los juegos estaban orientados a explicarnos cómo son los adversarios de los protagonistas de los juegos clásicos; mientras que Momia forma parte de El Año del Escarabajo, en el que los suplementos de los juegos de rol se centraron en el estudio y análisis del Oriente Medio, con suplementos como El Velo de la Noche para Vampiro: Edad Oscura o El Cairo Nocturno para Vampiro: La Mascarada.
            En fin, dos juegos basados en dos conceptos muy diferentes, y con los que he tenido poca experiencia… todavía…
            ¿No dicen que nunca es tarde si la dicha es buena…?