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jueves, 28 de abril de 2011

HOWARD PHILIPS LOVECRAFT

El 20 de Agosto de 1890 nacía en la ciudad de Providence, capital del pequeño estado de Rhode Island (Nueva Inglaterra, EE.UU), un niño al que llamarían Howard Philips Lovecraft, y que pasaría a la historia como H.P Lovecraft, uno de los revolucionarios de la literatura universal.
            Su padre fue afectado cuando el niño tenía sólo tres años por una serie de trastornos neurológicos, que terminarían con su muerte en 1898 en el Butler Hospital de Providence, afectado de neurosífilis. Esto hizo que la educación del pequeño Howard recayera por completo en su madre, Sarah Susan Philips Lovecraft, y sus tías, Lillian Delora Philips y Annie Emelie Philips, así como de su abuelo materno, Whipple van Buren Philips, un importante empresario capaz de rastrear su linaje prácticamente hasta la primera llegada de colonos a Nueva Inglaterra en el legendario Mayflower. Quizá fuera el ambiente algo enrarecido de la casa en la que se educó, con dos tías solteronas que, según cuentan algunos biógrafos tenían la costumbre de vestir al pequeño Howard como una niña (en sustitución de la niña que les hubiera gustado tener), o quizá simplemente el niño tenía una naturaleza particular, pero es cierto que Howard siempre fue un poco especial.
            Le gustaba estar solo, y buscaba lugares insólitos para ello, pequeñas cuevas, arboledas o incluso rincones de la mansión familiar. Construía extraños altares a dioses paganos, y mientras otros niños jugaban al aire libre o practicaban deportes, Howard se perdía en la inmensa biblioteca de su abuelo, descubriendo grandes joyas de la literatura, y pese a que sus problemas de salud le impidieron asistir al colegio hasta los ocho años (y realmente sólo estuvo un año, tuvo que retirarse de nuevo por problemas de salud), demostró ser inteligente y autodidacta, ya que comenzó a leer a los tres años, y a los seis o siete ya escribía pequeños cuentos. Quedó fascinado por la astronomía y las novelas de misterio, e incluso se esforzó para volver a la educación pública más adelante, para tratar de convertirse oficialmente en astrónomo, pero la muerte de su abuelo en 1904, el desastroso estado económico de la familia tras esta, y una crisis nerviosa sufrida por el propio Howard, impidieron que pudiera diplomarse, por lo que fue rechazado en la Universidad de Brown, algo que le marcaría durante el resto de sus días.
            Howard se convirtió en prácticamente un ermitaño, compartiendo su vida solamente con su madre, pero esta moriría en 1921, según unos a causa de una enfermedad derivada de la sífilis que ya había acabado con su padre; según otros a causa de unas dificultades postoperatorias. Eso hizo que Howard se volcara en su vocación de escritor, y en 1923 se publicó en la revista Weird Tales el primero de sus relator profesionales, que daría inicio a lo que terminaría conociéndose como Los Mitos de Cthulhu. Y su primera historia, sería Dagón. Otros escritores de la época quedaron fascinados por la prosa de Lovecraft, entre ellos, Robert Bloch, August Derleth, Clark Ashton Smith, Frank Belknap Long o el creador de Conan, Robert E. Howard. Estos escritores intercambiarían numerosas y extensas cartas, formando uno de los círculos de escritores más influyentes de la literatura contemporánea.
            Trabajando la mayor parte de su tiempo como corrector de los textos de otros, y dedicándose cuando podía a su carrera de escritor, Howard se casó en 1924 con Sonia Greene, descendiente de ucranianos, y con la que se mudaría a Red Hook, en Brooklyn. Los problemas financieros les acuciarían prácticamente desde el principio, y ella tendría que trasladarse a Cleveland, mientras Howard continuaba en Red Hook, aunque comenzó a odiar cada vez más la vida neoyorquina, que realmente, le quedaba grande. Aquel mundo de inmigrantes irritaba su conciencia anglosajona y profundamente racista, y finalmente, en 1926, tras sólo dos años de matrimonio, se divorciaron de forma amigable por incompatibilidad de caracteres y problemas económicos.
            Tras el fracaso de su relación y su vida independiente en Nueva York, volvió a Providence, junto a sus tías, y pese a la angustia en que se veía sumido, o quizá gracias a ella, esta fue su época más productiva y genial como escritor, donde escribió el legendario La Llamada de Cthulhu y sus dos únicas novelas largas: En las Montañas de la Locura y la inmensa y terrorífica El Caso de Charles Dexter Ward. Durante estos años, además, continuó su relación postal con el resto de los escritores que formaban su círculo, y que fueron realizando sus propias aportaciones al mundo de Cthulhu, en el que especialmente se centraría August Derleth, aunque quizá el relato más interesante de este género no escrito por Lovecraft pertenecería a Frank Belknap Long, Los Perros de Tíndalos.
            Sin embargo, su salud no mejoró, y su estado moral, tampoco lo hizo. El suicidio de su amigo Robert E. Howard le traumatizó profundamente, y cada vez tenía más manías y más achaques. Finalmente, moriría en 1937, con sólo cuarenta y siete años, víctima de un cáncer de intestino, y sería enterrado en el cementerio de Providence, cuyas instalaciones, aún hoy, son visitadas por sus fervientes seguidores, que le alzarían una lápida algunos años después, ya que él fue enterrado con su abuelo, sin constar su nombre en ningún sitio. En esta lápida, sus seguidores inscribieron las palabras “Yo soy Providence”, con las que firmaba sus cuentos, y cada cierto tiempo (y como era de prever), alguien escribe en su lápida las palabras más famosas del escritor.

Que no está muerto lo que puede yacer eternamente,
Y si vienen extraños tiempos, aún la muerte puede morir.