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jueves, 14 de noviembre de 2013

EL JUEGO DE ENDER

                Más cine este fin de semana, y es que las carteleras están que no paran (de los trailers de hoy, tienen posibilidades Caminando entre dinosaurios y Pompeya). Hoy ha tocado El Juego de Ender, película de ciencia ficción basada en la novela homónima de Orson Scott-Card, uno de los hitos de la Ciencia Ficción entre los años ochenta y los noventa, y que después de haber visto la película hoy, ha pasado a la lista de lecturas inmediatas, con puestos preferentes.
                El Juego de Ender ha sido una película dirigida por Gavin Hood, un guionista y director sudafricano que ganó el Oscar por su película Tsotsi, y que dirigiría la poco esperanzadora Lobezno: Origen, de la que se ha resarcido sobradamente en esta nueva obra, en la que se ha puesto al frente de Harrison Ford, Ben Kingsley y Asa Butterfield, gran protagonista y absoluto centro de atención de toda la película con el papel de Andrew Ender Wiggins.



                La película transcurre en un futuro relativamente próximo, en el que la Tierra ha sido atacada por una raza de extraterrestres insectoides, los Insectores, que causaron grandes daños, pero fueron derrotados por un piloto de las fuerzas armadas, Mazer Rackham. La lucha con los insectores ha llevado a la humanidad a una política militarista, en la que se ha decidido que los niños son los mejores militares del planeta, debido a su capacidad de aprendizaje. Pese a que no ha habido nuevos ataques de los insectores en cinco décadas, la Flota Internacional ha continuado mejorando su armamento. La humanidad ha desarrollado el viaje espacial, los sistemas de antigravedad, la comunicación instantánea… y están preparados para lanzar su ataque definitivo a los Insectores, en una metáfora belicista bastante clara: la guerra que acabará con todas las guerras.
                Para ello, la Flota Internacional necesita un nuevo comandante, y el coronel Graff decide que ese líder debe ser Ender, uno de los reclutas más jóvenes de la Flota y que muestra unas habilidades estratégicas muy superiores a las del resto de sus compañeros. Decidido a convertir a Ender en un Julio César o un Napoleón que les de la victoria sobre los Insectores, Graff comienza a manipular al chico, tratando de convertirle en su líder definitivo. Y efectivamente, Ender va mostrando poco a poco que cumple las expectativas puestas en él… pero que no está dispuesto a aceptar el liderazgo ciego que la FI pretende imponerle.
                Bajo esta premisa, Gavin Hood ha llevado a la pantalla una película que, como todo buen trabajo de ciencia-ficción, se construye como una metáfora, en este caso sobre el militarismo y el belicismo del mundo actual, las carreras armamentísticas y los peligros de los “ataques preventivos”, ya que no debemos olvidar que El Juego de Ender se escribió en plena guerra fría, con el mundo continuamente al borde del conflicto atómico y evidentes problemas de comunicación por las dos partes.

                Una película realmente impresionante.