No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

martes, 28 de octubre de 2014

SIN ESCALAS (NON-STOP)

Este fin de semana me ha tocado disfrutar de uno de esos placeres que traen estos cambios de tiempo: el catarrazo con amago de fiebre. Así que, en estos fines de semana un poco de aquella manera, pues se aprovecha para ver pelis, y yo aprovecho para comentarlas aquí en el Iconocronos. 



Y hoy voy a hablar de una de ellas, Sin Escalas, que vimos recomendada por Marina. Se trata de un thriller protagonizado por Liam Neeson (La Lista de Schindler, Batman Begins...), Julianne Moore (Magnolia, Hannibal...) y Michelle Dockery (Downton Abbey), que se desarrolla por completo a bordo de un avión que cubre un vuelo transatlántico entre Estados Unidos y Londres. Bill Marks (Liam Neeson) es un vigilante de vuelo con problemas personales y con el alcohol, un personaje casi típico e incluso arquetípico, que debe cubrir ese vuelo, pero se encuentra con una sorpresa: cuando el avión se encuentra en mitad del Atlántico, a través de su línea federa, comienza a recibir una serie de mensajes de texto con una petición clara. Si no se hace un ingreso de 150 millones de dolares en una cuenta determinada, cada veinte minutos, una de las personas que se encuentran en el vuelo morirá. Evidentemente, todo parece una broma de mal gusto...

Hasta que las amenazas se cumplen.

Así, el agente de seguridad se encuentra de pronto con un asesino a bordo, tan manipulador que consigue que todos los indicios apuntan a que él mismo es un terrorista dispuesto a secuestrar el avión. Para averiguar quien es el asesino y detenerlo, cuenta con la ayuda (o no) de Jen Summers (Julianne Moore), su compañera de asiento; y Nancy (Michelle Dockery), una de las azafatas del vuelo. Entre los tres, tendrán que enfrentarse a una situación cada vez más complicada, todo esto en un entorno claustrofóbico, como es el de un avión que se encuentra en mitad del Atlántico y a ocho mil pies de altura, con ciento cincuenta posibles víctimas... y ciento cuarenta y nueve posibles asesinos. 

La película, aparte de unos quince primeros minutos un tanto lentos, en cuanto coge ritmo se convierte en una bola imparable, donde cada personaje que aparece o por el que pasa la cámara se transforma en un posible asesino, terrorista o las dos cosas. Ahora, que todo el peso recae en la historia, porque los personajes están un poco puestos ahí por el ayuntamiento, que lo mismo hubiera dado Julianne Moore que un jarrón chino, o que sus frases se las hubieran dado a la azafata (incluso hubiera tenido más sentido, ya que parece que ella y Bill se conocen de vuelos anteriores). 

La peli da para un buen rato, y a día de hoy, eso ya es mucho.