No es la crónica de un mundo... es la historia de muchos.

martes, 11 de octubre de 2011

LA GUERRA DEL CAOS


                Hace ya algún tiempo, como un mes y algo, que Panini puso a la venta el tomo que reúne la miniserie de Marvel titulada La Guerra del Caos. Aunque había leído algunos números en inglés, realmente la publicación en Estados Unidos de The Chaos War coincidió con el momento en el que decidí dejar de leer comics por Internet  y esperar a que salieran aquí las cosas, así que reduje ritmo y me he terminado adaptando al de España. Y bueno, hoy toca comentar esta miniserie, obra de Greg Pak y Khoi Pham.

                Bueno, a ver. No sé qué pensaréis el resto de los aficionados al mundo del cómic que hay por ahí, pero a mí Greg Pak me parece el guionista más irregular de la historia de Marvel. O sea, es capaz de lo mejor… y de lo peor. Pero así, seguidito. Tan pronto escribe historias absolutamente geniales (La Canción Final de Fénix, World War Hulk, Magneto: Testamento o la colección Hércules) con absolutas aberraciones (La Canción de Guerra de Fénix, Iron Man: Dinastía de M, o Máquina de Guerra). Y entre ello, algunas cosas que no destacan ni por lo bueno, ni por lo malo, como la reciente World War Hulks.


                Y La Guerra del Caos entra en la parte de las aberraciones. Por desgracia para nosotros, claro. Y es que por mucho que desde Marvel y la propia Panini nos traten de convencer de que este tomo es la prolongación natural de la historia que comenzó en Hércules (realmente, incluso en el Ares de Michael Avon-Oeming) y continuó en la miniserie protagonizada por el genial Amadeus Cho, Príncipe del Poder, es a todas luces obvio que se trata de un microevento impuesto por la editorial, y todos sabemos el objetivo. Vender, vender y vender. La historia de La Guerra del Caos es muy sencilla: el dios japonés Amatsu-Mikaboshi (Augusta Estrella del Cielo, en japonés), el dios del mal y las estrellas, asesino del propio Zeus y que durante la Invasión Secreta formara parte del Escuadrón de Dioses que se enfrentaría a las deidades skrulls, revela que es una criatura anterior a los propios dioses, la encarnación del vacío y el caos reinantes antes de la propia creación, y que luego sería “capturado” por el panteón japonés, se libera y revela su verdadera identidad, comenzando un maléfico plan para devolver el Universo a su estado anterior, es decir… a la nada. Y para hacer frente a Mikaboshi, está Hércules, devuelto a nuestro mundo por Amadeus Cho en la saga Príncipe del Poder, ahora con los poderes de un Padre Celestial. Y así, Hércules debe dirigir la resistencia de los héroes contra Mikaboshi…

                Bueno, a priori, la historia no suena mal del todo, así vista. Pero es que el desarrollo es una catástrofe. No voy a contar mucho, porque el tomo está fresquito, y porque aún tienen que salir otros tomitos que cuentan parte de la historia, y quizá al final, con todo leído, no sea tan mala… pero mucho me temo que no sea así, aunque habrá que esperar a Guerra del Caos: Escuadrón de Dioses y Guerra del Caos: Los Héroes Muertos (o algo así, que no me acuerdo muy bien) para tener el panorama completo. El ataque de Mikaboshi provoca que los muertos vuelvan a caminar bajo el dominio del Señor del Caos (¿Necrosha? ¿Quién ha dicho Necrosha? ¿La Noche Más Oscura? Naah, es un concepto original…), la Tierra pasa por un momento dramático… bla, bla, bla. Vamos, que la historia no llega a enganchar. Nada. Además, el final es completamente previsible desde… bueno, desde antes de empezar a leer, con haberle echado un vistazo a los tomos de Hércules y Príncipe del Poder terminas sabiendo cómo va a acabar todo.


                Y encima, para terminar de rematar, los dibujos corren a cargo del infame Khoi Pham. Y está por ver que de los lápices de este dibujante salga algo decente, a pesar de que su trabajo en La Guerra del Caos es infinitamente mejor de lo que había hecho en, por ejemplo, los Poderosos Vengadores de Slott, que aunque no fueron una colección que vaya a pasar a la historia por su calidad, estoy seguro de que la percepción de todos hubiera sido diferente si hubiera tenido otro dibujante.

                En resumen… que es un tomo perfectamente prescindible… y del que yo sólo he sacado una conclusión. ¿De verdad era necesario utilizar a Galactus para todo esto?