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martes, 23 de diciembre de 2014

EL SEGUNDO IMPERIO

En el viaje que estoy realizando por las tierras de Normannia en la pentalogía de Las Monarquías de Dios, de Paul Kearney, he cubierto la cuarta etapa, El Segundo Imperio. En el libro anterior, Las Guerras de Hierro, pudimos ver como los Reyes Heréticos trataban de asentar su poder: el pacto matrimonial entre Astarac y Hebrión, los preparativos para la guerra de Torunna frente a los Merduk del sultán Aurungzeb...




En el principio de El Segundo Imperio, nos encontramos con que volvemos a tener noticias de Richard Hawkwood, Murad de Galiapeno y el mago Bardolin, los únicos supervivientes de la expedición hebrionesa al Continente Occidental y a su enfrentamiento allí con los hombres bestia del Archimago Aruan, que ya ha comenzado a moverse en Normannia para asentar allí su poder, tratando de atraerse al mago de Hebrion, Golophin, y utilizando los recursos que pone a su disposición el pontífice Himerius, que desde Charibon,  comienza a extender su dominio sobre Almark, Perigraine y otras regiones del continente.

Y mientras Hawkwood y sus compañeros se convierten en su regreso a Normannia en los heraldos de la que quizá sea la mayor amenaza que se ha cernido sobre  el continente, en Torunna el general Corfe Cear-Inaf y la reina Odelia, tras la muerte de Lofantyr en la Batalla del Rey tienen que hacer frente tanto a los Merduk, dispuestos a lanzar su último asalto sobre el reino después de conquistar Aekir y el Dique de Ormann; pero también a las disensiones internas, pues los nobles de Torunna no parecen dispuestos a afrontar los cambios que Corfe trata de imponer en el reino para tratar de derrotar a los Merduk.

Al igual que en Las Guerras de Hierro, El Segundo Imperio deja prácticamente de lado la historia de Hawkwood y el Continente Occidental y se centra en la última parte de la trama del conflicto entre Merduk y Ramusianos. Mientras la guerra de desarrolla en el norte de Torunna, el monje Albrec continúa tratando de unificar a los Merduk y los Ramusianos a través de su fe, demostrando que el profeta Ahrimuz y el santo Ramusio eran la misma persona. Y en su labor entre los merduk, se encuentra con dos aliados inesperados, el sabio Mehr Jirah, y la nueva esposa del sultán, Ahara, que antes se llamaba Heria Cear-Inaf de Aekir.

En El Segundo Imperio, Kearney cierra uno de los frentes abiertos en Las Monarquías de Dios, el enfrentamiento con los merduk, preparando el final de la saga para el quinto libro. Al igual que en el resto de los libros, la narrativa de Kearney es extraordinaria, con un gran manejo de los tiempos, aunque sí que es cierto que en este volumen, quizá hay partes que son demasiado apresuradas para el buen funcionamiento de la historia, y el final corre demasiado deprisa.

Ya estoy con el quinto libro, a ver si llego a terminarlo antes de fin de año...