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martes, 30 de diciembre de 2014

NAVES DEL OESTE

Con Naves del Oeste acaba la pentalogía de Las Monarquías de Dios, y una de las mejores historias que he leído este año, aunque curiosamente (y lo dejo puesto desde el principio) no me haya parecido el mejor de los libros de la saga.



Si en Canción de Hielo y Fuego se habla de la posibilidad de un salto temporal que hará mayores a algunos de los personajes de la saga, en Naves del Oeste Paul Kearney hace efectivo ese salto, y transcurren diecisiete años entre el final de la guerra entro Torunna y Ostrabar y el comienzo de este libro y la resolución de la otra trama abierta, la guerra entre el Archimago Aruan y sus Segundo Imperio, y los Reinos Heréticos de Hebrion, Astarac y Torunna. En esos diecisiete años, los reinos himerianos han consolidado su Segundo Imperio, bajo una siniestra triada formada por el Pontífice Himerius, el Archimago Aruan y el mago Bardolin. Los Electorados Fimbrios permanecen neutrales, mientras que Torunna, Hebrion y Astarac se preparan para la guerra.

No hay demasiados cambios políticos en estos diecisiete años: Abeleyn e Isolla siguen gobernando en Hebrión, y no han tenido hijos; su aliado Mark continúa reinando en Astarac; y Corfe y Odelia mantienen el dominio de una Torunna cada vez más vinculada por múltiples lazos a Ostrabar y los Merduk, que han establecido su capital en la antigua Aekir. De hecho, se habla de matrimonio entre la hija de Corfe y Odelia, Mirren, y el hijo de Aurungzeb y Ahara/Heria, Nasir. Todos se preparan para la guerra...

Y esta estalla cuando una inmensa flora procedente del Oeste es avistada, y la flota de Hebrión, Astarac, Gabrión y los Merduk marinos sale a su encuentro, dirigida por el propio Rey Abeleyn, y los enfrentados Murad de Galiapeno y Richard Hawkwood. A su pesar, los guerreros aliados no tardarán en descubrir que sus enemigos no son sólo legión, sino que hacen uso de siniestros poderes y formas. De hecho, Aruan ha conseguido crear varios batallones de licántropos, y en el lado aliado, sólo el mago Golophin parece poder hacer frente a los magos exiliados que ahora forman el cuerpo de la Iglesia Himeriana.

Con este libro, Kearney finaliza la que hasta el momento parece ser su obra más larga, Y lo cierto es que tras todo lo que se ha vivido en los libros anteriores, la verdad es que se me ha quedado un poco flojo. Me da la sensación de que el libro se queda demasiado corto, la batalla final pasa demasiado deprisa, el desenlace de varios personajes es demasiado rápido... Por supuesto, tiene unos giros muy interesantes, y buenos golpes de efecto al mejor estilo Eddard Stark, pero aún así, para ser el último libro, dista mucho de lo genial que fue Las Guerras de Hierro.

Aún así, una muy buena lectura para poner punto y final (o casi) a un 2014 muy literario.